El candidato que habló de cambio tenía ahora cuatro años por delante para intentar cambiar desde adentro de la Organización del Fútbol del Interior.

Y AQUÍ COMIENZA LA DISCUSIÓN

Durante toda la campaña, Marrero construyó su candidatura alrededor de una palabra: CAMBIO. Lo dijo en Salto. Lo dijo en Guichón. Lo dijo ante dirigentes de distintas ligas. Y lo dijo en casi todos los lugares del interior futbolero. Lo convirtió prácticamente en el eje de su campaña. Su frase fue contundente: “La elección no es entre Bares y Marrero, es entre continuidad o cambio.” También había hablado de un “reseteado” de OFI, de descentralización, trabajo en equipo, profesionalización y participación de las Confederaciones y Ligas en el gobierno de la organización. Y hubo otra frase todavía más determinante.

Cuando le preguntamos en DIARIO URUGUAY qué haría si perdía, fue categórico: “Si no soy electo, no integraré el Ejecutivo de Bares”. Y remató: “Es cambio o continuidad. No es Bares o Marrero”. La promesa fue cumplida. Marrero perdió. Y no integró el Ejecutivo. Pero ahí es donde comienza nuestra discrepancia.


¿ERA CORRECTO RENUNCIAR?

Desde el punto de vista personal, perfectamente puede comprenderse. Si Marrero entendía que su proyecto era incompatible con el modelo que finalmente ganó, tenía derecho a tomar distancia. Si consideraba que su presencia podía generar confrontaciones, también tenía derecho a evitarlo.

De hecho, la información sobre su renuncia señaló precisamente que, aunque formalmente invocó “razones de índole personal”, también existían diferencias respecto de la orientación y la forma de trabajo del nuevo Ejecutivo. Texto pegado Pero una cosa es el derecho personal a renunciar. Y otra muy diferente es la responsabilidad política que implica haber sido elegido.

Porque Marrero no era simplemente un candidato derrotado. Había sido elegido consejero. Y había sido elegido por una parte muy importante del Congreso.


15 VOTOS NO DESAPARECEN CON LA DERROTA

Este es, quizás, el aspecto que más debería discutirse. Marrero consiguió 15 votos frente a 19. Quince (o dieciséis: recordemos que al Sector Lavalleja Interior no lo dejaron votar) sectores habían apostado por una alternativa.

Quince sectores habían escuchado un programa que hablaba de descentralización, equipos técnicos, mayor autonomía frente a AUF, participación de las Confederaciones, formación de juveniles, apoyo social a los clubes y una nueva relación institucional. Texto pegado Y después de la elección, esos sectores quedaron sin la representación directa de quien había sido su candidato.

El propio material señala que su salida dejó sin representación directa en el Ejecutivo a esos 15 sectores que habían apoyado su candidatura. Texto pegado Ahí está el problema. Marrero podía perder la presidencia sin perder el mandato de defender sus ideas.


CUATRO AÑOS QUE PODÍAN HABER SIDO ORO PURO

Esta es nuestra principal crítica. Marrero debió quedarse. No para convertirse en opositor permanente. No para poner piedras en el camino. No para bloquear al presidente electo. Sino para algo mucho más inteligente: conocer OFI desde adentro. Porque una cosa es conocer una organización desde una Liga.

Otra es sentarse durante cuatro años en su Consejo Ejecutivo. Ver cómo se toman las decisiones. Conocer los mecanismos. Analizar los presupuestos. Participar de las discusiones. Conocer los equilibrios entre Confederaciones. Entender las relaciones con la Asociación Uruguaya de Fútbol. Conocer la administración. Ver cómo se manejan los recursos. Conocer los problemas que muchas veces no aparecen públicamente. Y, sobre todo: aprender cómo funciona realmente la maquinaria de OFI.

Si Marrero realmente entendía que OFI necesitaba un cambio profundo, esos cuatro años podían haber sido una escuela extraordinaria.


EL CANDIDATO QUE QUERÍA CAMBIAR OFI PODÍA HABER CONOCIDO OFI

Aquí aparece una paradoja. Marrero dijo durante la campaña: “Sería mucho más fácil estar sentado criticando o cuestionando y no plantear cosas para mejorar”. Estamos totalmente de acuerdo. Pero esa misma frase podría aplicarse ahora a su decisión. Porque después de perder, tenía una oportunidad única: dejar de mirar a OFI desde afuera y empezar a verla desde adentro.

Había conseguido algo que muchos dirigentes pasan años intentando conseguir: un lugar en el Ejecutivo. Y lo abandonó.


NO ERA NECESARIO SER “EL GOBIERNO” PARA HACER CAMBIO

Aquí está la diferencia entre gobernar y controlar. Marrero no necesitaba ser presidente para defender sus ideas. Podía haber sido consejero. Podía haber votado. Podía haber discutido. Podía haber presentado proyectos. Podía haber pedido información. Podía haber exigido transparencia. Podía haber defendido a las Ligas que lo apoyaron. Podía haber acompañado aquellas iniciativas de descentralización que había anunciado durante la campaña. Podía incluso haber demostrado, desde la minoría, que sus propuestas eran mejores.

Y si después de cuatro años volvía a presentarse, ya no habría sido solamente el candidato que prometía cambiar OFI. Habría sido un dirigente que conocía OFI desde adentro. Eso vale muchísimo.


LA GRAN CONTRADICCIÓN

Hay una frase de Marrero durante su campaña que hoy adquiere una dimensión diferente: “Este es un barco en el que vamos todos y, por lo tanto, todos tenemos que trabajar para salvarlo”. Excelente frase. Pero si el barco es de todos… ¿por qué bajarse cuando el capitán elegido no es el que uno quería?

Esa es la pregunta que queda instalada. Porque OFI no pertenece a Bares. Tampoco pertenecía a Marrero. OFI pertenece a sus Ligas, a sus clubes, a sus jugadores y a toda la estructura que sostiene el fútbol organizado del país. Por eso, quien obtiene 15 votos no deja de tener responsabilidad al día siguiente de la elección. Al contrario. Tiene una responsabilidad diferente. La de controlar. La de fiscalizar. La de proponer. La de representar. La de demostrar que perdió una elección, pero no abandonó sus ideas.


Y AQUÍ HAY OTRO DATO QUE NO PUEDE PASAR DESAPERCIBIDO

La renuncia llegó apenas dos días después de la elección. Texto pegado Eso hace que el gesto tenga todavía mayor peso político. Porque no hubo tiempo para intentar. No hubo tiempo para conocer. No hubo tiempo para sentarse alrededor de una mesa. No hubo tiempo para comprobar si las diferencias podían transformarse en coincidencias. No hubo tiempo para que el nuevo Ejecutivo comenzara siquiera a funcionar.

La decisión fue prácticamente inmediata. Y eso, en términos políticos, deja una pregunta inevitable: ¿No habría sido mejor esperar?


MARRERO TENÍA UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA

Aquí está nuestra conclusión. Pablo Marrero construyó una candidatura seria. Recorrió Ligas. Presentó un programa. Habló de descentralización. Cuestionó la concentración de OFI en Montevideo. Planteó una nueva relación con la AUF. Defendió la autonomía. Propuso formación integral para juveniles. Habló de la función social de los clubes. Propuso una Casa del Jugador. Criticó el intercambio de cargos por votos. Y dijo que quería un gobierno basado en capacidad e idoneidad. Texto pegado

Todo eso está documentado en su propia campaña. Por eso precisamente creemos que no debió renunciar. Porque quien pretende transformar una institución necesita conocerla en profundidad. Y cuatro años dentro del Ejecutivo le habrían permitido algo que ninguna campaña electoral puede otorgar: experiencia institucional desde adentro.


LA DERROTA PODÍA HABER SIDO EL COMIENZO

Quizá esta sea la parte más dura de decir. Marrero perdió la elección. Pero no perdió la oportunidad de aprender OFI. La tenía. La había obtenido con los votos suficientes para integrar el Ejecutivo. Y decidió dejarla.

Ahora será Gastón Giles, de Paysandú, quien en principio ocupe ese lugar, si acepta integrar el Consejo Ejecutivo. Texto pegado La política deportiva también tiene estas cosas. A veces uno gana y no sabe lo que ganó. Y a veces uno pierde… y no sabe lo que acaba de perder.

Marrero quizá perdió la presidencia. Pero tenía por delante cuatro años que podían haberlo convertido en un dirigente mucho más preparado para volver a intentarlo. No era necesario que se convirtiera en hombre de Bares. Era necesario que se convirtiera en hombre de OFI. Y eso se consigue estando adentro.


LA OFI REAL

Porque si de algo se trata esta etapa que estamos investigando es precisamente de eso: conocer la OFI real. No la OFI de los discursos. No la OFI de las campañas. No la OFI de los comunicados. No la OFI que aparece solamente cuando llegan las elecciones.

La OFI que funciona todos los días. La que administra. La que decide. La que negocia. La que distribuye. La que enfrenta conflictos. La que tiene cuentas pendientes. La que debe discutir sus vínculos con la AUF. La que tiene que responderle a las Ligas. La que necesita transparencia. La que necesita modernización. Y la que, como surge del propio Congreso posterior a la elección, tiene asuntos económicos y de funcionamiento todavía pendientes de discusión. Texto pegado

Esa OFI era justamente la que Marrero tenía cuatro años para conocer. Y por eso nuestra opinión es clara:

No porque hubiera perdido. Precisamente porque había perdido. Porque una derrota electoral no debería significar abandonar la cancha. A veces, la verdadera oposición comienza cuando termina la elección. Y en OFI, después de aquel 19-15, había 15 votos que necesitaban una voz.

Marrero podía haber sido esa voz. Quizá la historia de estos cuatro años demuestre si aquella renuncia fue un error. Y eso, en la OFI REAL, recién empieza a jugarse.

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