Cuando un Congreso de la Organización del Fútbol del Interior también se podía contar con la historia de una ciudad.
Maldonado, setiembre de 2011, fue uno de esos viajes. Habíamos ido a cubrir el 65.º Congreso Ordinario de la Organización del Fútbol del Interior (OFI), pero aquella cobertura terminó siendo mucho más que una elección de autoridades. Porque el periodismo deportivo que aprendimos con Leonel Tuana nunca podía reducirse a saber quién ganaba, quién perdía, cuántos votos obtenía una lista o qué dirigente levantaba la mano. Había que mirar alrededor. Había que escuchar. Había que entender dónde estábamos. Y, sobre todo, había que contar la historia que estaba detrás de la noticia.
CONGRESOS OFI /Desde Maldonado EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY

Llegar un día antes
Recuerdo que llegamos a Maldonado un día antes del Congreso. Era viernes 16 de setiembre y encontrar alojamiento no fue sencillo. Pleno mes de setiembre, movimiento turístico, delegaciones que comenzaban a llegar y una ciudad que al día siguiente iba a convertirse en el centro político del fútbol organizado por OFI. Después de buscar, finalmente apareció una habitación. Un pequeño hotel, coqueto, casi escondido, ubicado detrás de la iglesia principal de la ciudad.
La Catedral de San Fernando de Maldonado. Y allí, casi sin saberlo, habíamos elegido dormir junto a una parte extraordinaria de la historia uruguaya. La Catedral está frente a la Plaza San Fernando, el corazón histórico de Maldonado. La Intendencia la describe como un edificio neoclásico inaugurado en 1895 y declarado Monumento Histórico Nacional en 1984. Aquella noche, después del viaje, quizás estábamos demasiado concentrados en lo que iba a suceder al día siguiente. Pero hoy, mirando hacia atrás, pienso que la ciudad ya nos estaba contando la crónica.

Una iglesia construida a través de casi un siglo
La historia de la Catedral parece escrita para una crónica. En 1796, Rafael Pérez del Puerto inició las gestiones ante la Corona española para conseguir ayuda económica destinada a construir una iglesia matriz. Para financiar las obras también se estableció un impuesto sobre los cueros vacunos vendidos en Maldonado. La construcción comenzó en 1801. Pero la historia no quiso que fuera fácil. En 1806 llegaron las invasiones inglesas.
Las obras se paralizaron y el edificio fue saqueado: herramientas, tablones, andamios y materiales desaparecieron. Después vendrían las guerras y nuevas dificultades. Durante la Guerra Grande, incluso, la iglesia inconclusa llegó a ser utilizada como cuartel de caballería. Pasaron décadas. Muchas décadas. Hasta que en 1883 el sacerdote Pedro Podestá impulsó nuevamente los trabajos. Y finalmente, en octubre de 1895, el templo fue consagrado por el obispo Mariano Soler.
Casi un siglo para terminar una iglesia. Quizás por eso aquella Catedral me quedó grabada de una manera distinta. Porque mientras nosotros llegábamos a Maldonado para contar una elección, aquel edificio parecía recordarnos que las grandes historias no siempre ocurren en un día. A veces necesitan décadas.
Y también estaba el mar
Pero la Catedral tenía otra historia para contarnos. Una historia de mar, naufragios y misterios. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen del Carmen, vinculada al vapor español Ciudad de Santander, naufragado frente a las costas de Maldonado en 1895. La imagen terminó llegando al templo y fue instalada en el Altar Mayor en 1896. Y hay algo particularmente hermoso en esa historia.
Un barco desaparece. El mar se lleva una parte de aquella historia. Pero una imagen sobrevive y termina encontrando un lugar definitivo en una iglesia que también había sobrevivido a guerras, saqueos, abandonos y décadas de espera. Quizás el periodismo sea algo parecido.
Buscar lo que sobrevivió. Encontrar aquello que quedó escondido debajo del tiempo. Rescatarlo. Contarlo.
Al día siguiente, la historia era otra
El sábado 17 de setiembre de 2011 ya no estábamos mirando solamente la Catedral. Había llegado la hora del 65.º Congreso Ordinario de OFI. El escenario estaba instalado en el quinto piso de la Intendencia de Maldonado. La agenda oficial preveía la recepción de poderes desde las 8 de la mañana, el comienzo de los trabajos a las 9 y el acto electoral entre las 9:30 y las 11:30. Y allí aparecía una elección que tenía mucho más que un simple cambio de nombres.
El presidente saliente era el Dr. Gabriel Rodríguez Chiappini. Uno de los principales candidatos era Nelder Márquez, dirigente de Maldonado. También estaba la candidatura del riverense Dr. Rubén Darío Machado. Y las horas previas habían sido intensas.
Nosotros lo habíamos vivido desde antes de llegar. Mientras viajábamos hacia Montevideo y luego rumbo a Maldonado, las comunicaciones no paraban. Había versiones. Había discusiones. Había dirigentes tratando de asegurar apoyos. Había una elección en marcha antes de que comenzara formalmente el Congreso.
La política del fútbol
Eso también era OFI. Y quizá ahí aparecía otra de las grandes enseñanzas de Tuana. El fútbol no terminaba cuando se apagaba el silbato. Mucho menos cuando no había partido. Porque aquel sábado no había jugadores entrando a una cancha. Había dirigentes entrando a un Congreso. Y, sin embargo, aquello también era fútbol.
Fútbol en estado político. Fútbol en estado institucional. Fútbol construido con acuerdos, discrepancias, alianzas, reglamentos, votos y largas conversaciones. La propia prensa de la época registró que distintas agrupaciones habían conformado listas y acuerdos programáticos para aquella elección. Y entonces entendí una vez más algo que Leonel Tuana nos había enseñado: el periodista deportivo no puede ser solamente un contador de goles. Tiene que saber dónde está parado.
“Pintar un cuadro con palabras”
Tuana insistía en eso. Había que pintar un cuadro con palabras. Si llovía, había que decir cómo llovía. Si hacía frío, había que contar cómo se sentía el frío. Si una ciudad tenía una determinada arquitectura, había que verla. Si detrás de una plaza existía una Catedral construida durante casi un siglo, había que conocer esa historia. Porque de lo contrario uno solamente cuenta lo que sucede. Pero no explica dónde sucede. Y mucho menos por qué importa.
Aquella noche en Maldonado, detrás de la Catedral, posiblemente no sabíamos que estábamos acumulando material para una crónica que volveríamos a recordar quince años después.

El Congreso que cambió la historia de OFI
El desenlace fue fuerte. El plenario resolvió retirar la lista que postulaba la reelección de Gabriel Rodríguez. Distintas fuentes periodísticas de la época registraron lo que vimos con nuestros propios ojos: el retiro de Rodríguez y de dirigentes que lo acompañaban, en peno Congreso en curso, dejando la elección con las candidaturas de Nelder Márquez y Rubén Darío Machado. Finalmente, Nelder Márquez fue elegido presidente de OFI para el período 2011-2014.
Allí mismo informamos a todo el mundo que la Lista 65 obtuvo la mayoría absoluta y consiguió los siete cargos titulares del nuevo Consejo Ejecutivo. Y el propio archivo histórico de OFI confirma hoy la sucesión institucional: Gabriel Rodríguez ejerció la presidencia entre setiembre de 2008 y setiembre de 2011, y Nélder Márquez entre setiembre de 2011 y setiembre de 2014. Pero aquella jornada tuvo otra dimensión. Algo nunca visto y vivido en el mundo chacarero.
Hubo dirigentes que se retiraron. Hubo tensión. Hubo posiciones encontradas. Hubo una sensación inequívoca de que algo estaba terminando y algo nuevo comenzaba. Y nosotros estábamos allí. Con los grabadores. Con los apuntes. Con las preguntas. Con esa vieja obligación del periodista de mirar cuando todos están hablando.
Maldonado quedó atrás
Después vendrían el regreso, las notas, los teléfonos, las fotografías, las discusiones y el cierre de aquella cobertura. Pero Maldonado no quedó atrás. Porque algunas ciudades no se abandonan cuando uno se va. Se quedan adentro.
Quedó aquella plaza. Quedó la Catedral. Quedó aquella habitación pequeña del hotel. Quedó la noche anterior al Congreso. Quedaron las conversaciones. Quedó la tensión del sábado. Quedó el rostro de los dirigentes entrando y saliendo. Quedó la sensación de haber sido testigo de un momento importante de la historia de OFI. Y quedó, sobre todo, una certeza: habíamos ido a cubrir fútbol y terminamos cubriendo una parte de la historia de un país.
La escuela de Leonel Tuana
Hoy, tantos años después, vuelvo a aquella escena y entiendo todavía más lo que significaba aquella escuela de periodismo deportivo que ya desapareció.
La escuela de periodismo de Leonel Tuana. Una escuela que no enseñaba simplemente a informar resultados. Enseñaba a mirar. A preguntar. A caminar una ciudad. A conocer su gente. A leer sus paredes. A descubrir qué había sucedido antes de que nosotros llegáramos. Porque una crónica deportiva puede comenzar en una cancha. Pero puede terminar en una iglesia. Puede empezar con una elección. Pero terminar hablando de historia. Puede comenzar con una lista electoral de OFI y terminar frente a una Catedral que tardó casi cien años en construirse. Eso era el periodismo que aprendimos.
No quedarse con el marcador. Buscar la historia que está detrás del marcador. Buscar al hombre detrás del dirigente. Buscar la ciudad detrás del Congreso. Buscar la emoción detrás de la noticia.

Quince años después
Hoy, cuando vuelvo mentalmente a aquella noche de setiembre de 2011, recuerdo que no sabíamos que estábamos viviendo un momento que algún día miraríamos con nostalgia. Éramos periodistas haciendo nuestro trabajo.
Llegamos un día antes. Nos costó conseguir alojamiento. Encontramos aquel pequeño hotel detrás de la Catedral. Salimos a caminar. Miramos la plaza. Preparamos la cobertura. Y al día siguiente fuimos a contar lo que sucedía en el Congreso. Eso era todo. Y era muchísimo. Porque el tiempo pasa.
Los presidentes cambian. Los congresos terminan. Las listas desaparecen. Las discusiones se pierden en los archivos. Pero una buena crónica tiene la obligación de impedir que todo eso desaparezca completamente.
Por eso vuelvo a Maldonado. No para contar solamente quién ganó aquella elección. Vuelvo para contar cómo era llegar a una ciudad en setiembre de 2011. Para recordar aquella habitación detrás de la Catedral. Para recordar a Tuana. Para recordar una forma de hacer periodismo. Y para decir que, algunas veces, la noticia está exactamente donde uno menos piensa encontrarla.
Aquella vez estaba en Maldonado. Entre una elección de OFI, una plaza, una Catedral y una vieja lección de periodismo. Pintar un cuadro con palabras. Y todavía hoy, cuando cierro los ojos, puedo verlo.