CUANDO LOS HOMBRES DEL PROPIO OFICIALISMO TERMINAN CONFIRMANDO LO QUE DURANTE AÑOS SE NEGÓ

Entonces llegó la frase. La frase que, quizás, resume mejor que cien documentos el problema de fondo.

“Lo que viene de arriba viene de arriba y cúmplalo”. Una frase corta. Directa. Sin maquillaje. Y brutalmente reveladora. Porque detrás de esas palabras aparece una manera de entender el poder. Una cultura. Una estructura. Un mecanismo de funcionamiento. Desde arriba se decide. Desde abajo se cumple.

Y si esto no alcanza para que los dirigentes del fútbol del Interior comprendan en qué lugar se encuentra hoy la OFI, entonces habrá que preguntarse qué más necesitan escuchar. Porque no lo dijo un periodista. No lo inventó una red social. No surgió de una chicana electoral.

Lo manifestó un hombre que ocupa la vicepresidencia de la Organización del Fútbol del Interior. Un hombre que fue parte del gobierno. Un hombre que conoce los pasillos. Que estuvo en las reuniones. Que conoce cómo se toman las decisiones. Y que hoy, frente a los clubes de Rivera, dejó expuesta una frase que debería retumbar en cada Liga del Uruguay.

Esa es ahora la verdadera discusión. No se trata solamente de elegir entre un candidato y otro. No se trata solamente de contar votos para saber quién llegará a la presidencia. Se trata de algo mucho más profundo. ¿La OFI seguirá siendo una organización del Interior o continuará recorriendo un camino donde las decisiones llegan desde arriba y el Interior solamente debe cumplir?

Porque si la lógica institucional es:

“Lo que viene de arriba viene de arriba y cúmplalo”, entonces algo está profundamente equivocado.

¿Dónde queda la autonomía? ¿Dónde queda la participación de las Confederaciones? ¿Dónde queda la voz de las Ligas? ¿Dónde quedan los clubes? ¿Dónde quedan esos miles de dirigentes anónimos que levantan al fútbol del Interior todos los fines de semana?

La OFI no nació para ser una oficina que recibe órdenes. La OFI nació porque el Interior necesitaba organizarse. Defenderse. Competir. Tener identidad propia. Tener voz. Y, sobre todo, tener dignidad institucional.

Por eso lo ocurrido en Rivera adquiere una dimensión histórica. Por primera vez, los clubes fueron colocados frente a una decisión que durante décadas parecía reservada para unos pocos. Y escucharon. Escucharon a quienes quieren conducir. Escucharon a quienes ya estuvieron en el poder. Escucharon confesiones. Escucharon críticas. Escucharon promesas. Pero, sobre todo, escucharon cómo funciona —o cómo ha funcionado— una parte de la estructura del fútbol del Interior.

Ahora no pueden decir que no sabían. Ahora nadie puede esconderse detrás de un comunicado. Ahora nadie puede votar a ciegas.

Los clubes tienen información.
Los clubes tienen voz.
Y los clubes deben tener memoria.
Porque el 19 de setiembre no debería ser simplemente una elección. Debería ser una definición.

Esta es la pregunta que queda flotando sobre todo el Interior deportivo. ¿Seguir aceptando que las decisiones bajen? ¿Seguir esperando instrucciones? ¿Seguir cumpliendo? ¿O recuperar una OFI donde las Confederaciones participen realmente, donde las Ligas sean escuchadas y donde los clubes vuelvan a ocupar el lugar que nunca debieron perder?

Porque cuando los propios hombres del oficialismo terminan describiendo, con sus palabras, un sistema vertical, no queda mucho margen para la interpretación. La discusión ya no pertenece solamente a los periodistas. Pertenece a todos. A cada Liga. A cada Confederación. A cada club. A cada dirigente que alguna vez sintió que las decisiones importantes se tomaban demasiado lejos del Interior. Y si después de escuchar todo esto todavía no se comprende en qué lugar está parada hoy la OFI, quizás haya que decirlo con absoluta crudeza.

Entonces es tiempo de dar un paso al costado. De volver a casa. De dejar el lugar. Y permitir que otros dirigentes, con otra visión y con el verdadero espíritu del Interior, ocupen esos espacios. Porque una institución no se hereda. No se entrega. No se baja desde arriba. Se construye desde abajo. Y si algo ha quedado claro después de Rivera es que el Interior tiene una oportunidad que no puede desperdiciar.

Una oportunidad para mirar de frente. Para escuchar. Para recordar. Y para decidir. Porque después de tantos años de silencios, de órdenes, de versiones y de decisiones que parecían venir desde otros escritorios, una frase terminó diciendo demasiado.

“Lo que viene de arriba viene de arriba y cúmplalo”. No.

El Interior no está para cumplir órdenes. El Interior está para decidir su destino. Y quizás haya llegado finalmente la hora de recuperar la OFI.

El 19 de setiembre, el Interior tendrá la palabra en Durazno.

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