¡EL INTERIOR: DESPIERTA! LA HORA DE RECUPERAR OFI ES AHORA

Antesala del Informe Especial sobre la visita del Dr. Pablo Marrero a Rivera

Alguien dijo por ahí que Pablo Marrero era soberbio. ¿Soberbio? Entonces habrá que preguntarnos qué significa hoy la soberbia. ¿Es soberbio un dirigente que pretende cambiar aquello que, según su mirada y la de muchos actores del fútbol, viene funcionando mal desde hace más de una década dentro de la Organización del Fútbol del Interior? ¿Es soberbia querer discutir el lugar que OFI debe ocupar frente a la AUF? ¿Es soberbia hablar de transparencia, de mejor gobierno, de comunicación y de devolverle protagonismo a las Ligas y a los clubes? Si eso es soberbia, entonces quizás —como dice la calle— estamos todos rayados de la cabeza. Porque lo que dejó Pablo Marrero en su visita a Rivera fue, ante todo, la imagen de un dirigente joven, abogado, conductor de una Liga con enorme peso histórico, y con una idea que atraviesa su discurso: poner lo social en el centro, sin olvidar que el fútbol también es una herramienta de transformación para las comunidades. Y habló claro. Sin vueltas. Sin esconderse detrás de frases cuidadosamente calculadas. Es de no creer lo que presenciamos… y todavía me sigo pellizcando porque en estos tiempos que corren es muy difícil encontrar un hombre de su talla en el fútbol uruguayo.

Frente a los delegados de los clubes de la Liga de Rivera, Marrero fue directo al plantear algunas de las bases de lo que pretende para una eventual presidencia de OFI:

“Quiero una OFI más cerca del Interior”.

“Más transparencia y un buen gobierno”. Y agregó una propuesta que no debería pasar inadvertida:

“Queremos transmitir en vivo los Congresos y las reuniones más importantes, y para eso queremos una comunicación más fluida con todas las Ligas y los clubes del país”.

En una organización donde durante demasiado tiempo la información pareció circular lentamente —o directamente no circular—, la propuesta tiene un valor político enorme. Porque la transparencia empieza cuando se abren las puertas y se encienden las cámaras. Pero hubo algo más importante todavía en Rivera.

Los clubes escucharon. Preguntaron. Y ahora deberán decidir. Y allí aparece una situación que marca una diferencia: los clubes tienen la posibilidad de participar y hacer sentir su voz en la definición de a quién respaldar. El sartén, por lo menos en Rivera, está ahora en sus manos. Y con ese poder llega también una responsabilidad.

No se trata solamente de votar por un nombre. Se trata de preguntarse qué OFI quieren construir. Una OFI distante o cercana. Una OFI silenciosa o comunicada. Una OFI encerrada en reuniones que pocos conocen o una organización capaz de mostrar públicamente sus decisiones. Una OFI subordinada o una OFI con personalidad suficiente para sentarse frente a cualquier estructura del fútbol uruguayo y reclamar lo que considere que le corresponde.

Pablo Marrero llegó a Rivera con una piedra en la mano. No para tirarla. Sino para mover una estructura que muchos consideran demasiado pesada y demasiado quieta. Y quizás por eso incomoda. Porque quien no quiere cambiar nada, jamás resulta peligroso para quienes están cómodos. Pero quien pretende discutir el orden establecido, reclamar derechos y devolverle protagonismo a quienes están lejos de los centros de decisión, inevitablemente comienza a molestar. Y puede que esa sea precisamente la razón por la cual esta candidatura merece ser escuchada.

No porque haya que creerle ciegamente. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien está diciendo con claridad qué OFI quiere construir. Rivera escuchó. Ahora el fútbol uruguayo debe escuchar.

SE VIENE EL INFORME ESPECIAL DE DIARIO URUGUAY

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