El campanero de la Matriz que se convirtió en leyenda y el títere que lo inmortalizó.
En el Montevideo de fines del siglo XIX, en el campanario de la Iglesia Matriz, un hombre moreno, patizambo y contrahecho se convirtió en la personalidad más sonada y repicada de la ciudad. No era un político. No era un militar. Era un campanero. Y su nombre era Ambrosio Camariñas, aunque todo el mundo lo conocía como Misericordia Campana.
Nacido en Pernambuco, en el Brasil, de vientre libre, Misericordia llegó al Plata en los primeros días del Sitio Grande, cuando Montevideo era una ciudad sitiada por las fuerzas de Manuel Oribe. Sin más bagaje que su habilidad, se convirtió en el campanero de la Matriz, donde por más de treinta años hizo oír sus dobles y repiques, aprendidos en el Convento de San Francisco de Pernambuco. Pero Misericordia no fue solo un campanero. Fue también el inspirador de un títere que llevó su nombre y que se convirtió en el primer héroe popular del teatro de títeres uruguayo. Un muñeco negro, de galera alta y con un palo en la mano, que repartía cabezazos a todo aquel que representara la injusticia. Fue, en palabras de los especialistas, el primer títere del Uruguay, padre de todos los títeres que luego le siguieron.

Esta es la historia de ese hombre. Del campanero que hacía hablar a las campanas. Del negro que se convirtió en leyenda. Y del títere que, como su creador, Montevideo no debe dejar que sea olvidado. Crónicas maravillosas hemos tenido como la del “Bachiller Sanson Carrasco” y la del ilustre Fernández Saldanha, que nos cuentan con bonhomía de este personaje entrañable de Montevideo y que nos dan fe, no solo de su existencia, sino de su maestría con las campanas.
Capítulo I: El hombre que vino de Pernambuco
Ambrosio Camariñas, según sus propias palabras, nació en Pernambuco, de vientre libre, y se crió en el Convento de San Francisco. Allí recibió su educación, que debió ser escasa y mezquina, pues el hecho es que el discípulo de los Reverendos Franciscanos jamás conoció la O por redonda. Pero, como no era cosa de mantenerlo para que creciese holgazaneando, determinaron los Reverendos ponerlo al servicio de la santa casa, y le destinaron al campanario, donde bajo la dirección de un consumado maestro empezó nuestro Misericordia a menear badajos, hasta que llegó a ser un verdadero artista en todo lo que al arte campanólogo concierne.
Según el historiador José María Fernández Saldaña, lo más probable es que se tratara de un negro esclavo pernambucano que arribó a nuestras costas “como un fugitivo en algún buque”. Entre nosotros lo amparó el presbítero don José Benito Lamas, quien lo destinó como individuo de servicio y luego campanero de la iglesia Matriz. Qué motivos tuvieron los Reverendos Pernambucanos para deshacerse del negrito Ambrosio es cosa que nadie sabe. Ello es que un día le embarcaron en un bergantín que levantaba anclas para el Plata, y otro mejor llegó a estas playas.
Su nombre primitivo de Ambrosio es desconocido para la generalidad. El apodo de Misericordia le viene de su invariable costumbre de saludar a todo el mundo, diciendo en su media lengua: “¡Misericordia, seño!”.

Capítulo II: El arte campanólogo
En el continuo trato con las campanas, Misericordia ha llegado a considerarlas como seres que viven o que hablan, y sus metálicos ecos los ha traducido al lenguaje común, creyendo de buena fe que los bronces dicen aquello que él se ha forjado a fuerza de oír.
Las grandes festividades de la Iglesia las solemniza Misericordia con el repique que él llama de San José, y cuyo compás lleva bailando a saltos, mientras que con las manos agita los badajos y canta al mismo tiempo:
“¡San José – cabeza me duele!”
Es de verle, tocando este repique en seco. Salta y gesticula como si estuviese en el campanario, imita el sonido de todas las campanas, y traduce los sonidos, explicando que, mientras la mayor dice con sus notas graves “¡San José!”, la chica con su vocecilla aguda repite: “¡Cabeza me duele!”. Otras veces, cuando se trata de funciones de media gala, dice él que toca el repique del vintén, que es mucho menos complicado que el de San José. “¡Manuel Vintén!”, dicen las campanas con invariable monotonía, solo interrumpida por algún floreo. Se jactaba de haber aprendido, en una sola lección que le dio un correntino, el repique llamado la garua y que lo explica cantando “chachachan – chacha – chachancha” sin haber logrado todavía traducir al lenguaje común lo que la tal garua dice.
Todo lo que tiene de lerdo y apagado para contestar a lo que se le pregunta, tiene de listo y despierto para hablar de sus campanas. Se le avivan los ojos, se le agrandan las narices, se vuelve ágil y se relame con placer cuando cuenta la manera como debe repicarse en tal o cual solemnidad.
Capítulo III: El héroe de los títeres
La fama de Misericordia trascendió las alturas del campanario. “De la noche a la mañana se hizo Misericordia el héroe obligado de todas las funciones titiritescas”. Su figura inspiró un títere de guante creado a su semejanza. El muñeco, también llamado Misericordia Campana, era negro como el personaje de carne y hueso, de galera alta y siempre con un palo en la mano. Tenía asignado en las funciones de títeres el papel de hacer un desparramo final, distribuyendo golpes a granel, especie de guardia civil, vigilante o mílico, encargado del orden.
Cuando el alboroto y la algarabía tomaban carácter alarmante entre las figuras del teatrito, los mismos muchachos presintiendo lo que infaliblemente debía suceder, se encargaban de prevenirles a gritos: “¡Va a venir Misericordia!”. Y en seguida aparecía el negro dispuesto a poner las cosas en su sitio. Su triunfo era completo, aunque con algunas quiebras espectaculares. El negro tenía que ligarse algún palo él también, y cuando le acertaban en la cabeza, se le desprendía un montón de motas, demostrándonos así que el asunto no era de broma.
Misericordia Campana deshacía agravios, protegía doncellas y viudas desamparadas, enderezaba entuertos, y siempre con tan buena suerte y fortuna que no metía la pata en ninguna aventura que no saliera de ella triunfante e ileso. No se sabe bien quién empezó con la tradición; si fueron artistas locales o extranjeros. Tampoco se sabe si la elección de Misericordia Campana fue una burla de un grupo de graciosos. Lo cierto es que este Guiñol sudamericano tuvo su rato de gloria y luego desapareció (solo temporalmente, porque artistas populares lo rescataron desde hace un tiempo). Y cómo tenía todas las características del títere popular, puede ser considerado el Primer Títere del Uruguay, padre de todos los títeres que luego le siguieron.
Capítulo IV: El cuidado de la iglesia
Años atrás, desempeñaba en la Matriz múltiples ocupaciones. En los momentos que le dejaba libre el campanario, desde la misa de alba hasta el toque de Animas, se ocupaba del aseo de la iglesia. Sacudía con mucho cuidado las venerables imágenes de San Felipe y San Luis; arreglaba los pliegues del manto de la Serenísima Virgen; le peinaba la lana al perro de San Roque; acomodaba convenientemente la florida vara de San José. Pero donde se esmeraba y ponía toda su prolijidad era en el altar de San Benito, representante de su raza en los dominios del Reino Celestial. Allí era el tener siempre los floreros adornados, y el no faltar una vela, y el cuidar del paño del altar como si de finísimo oro fuese tejido.
Capítulo V: La muerte
Misericordia Campana falleció en Montevideo el 18 de julio de 1883, víctima de un ataque, en un cuartito que monseñor Pérez le había reservado en una casa vieja de la calle Sarandí. Era viudo, y dos hijos habidos del matrimonio, los perdió siendo chicos.
Su muerte pasó casi inadvertida para la ciudad que lo había conocido. Pero su legado perduró en los títeres que inspiró y en la memoria de los que sabían que la historia no se escribe solo con los nombres de los grandes.
Capítulo VI: El legado
El nombre de Misericordia Campana ha perdurado en la cultura uruguaya de varias maneras. En 1992, un grupo de titiriteros y artistas creó la Cooperativa de producción artística Misericordia Campana, inspirándose en este célebre personaje histórico del teatro de títeres uruguayo.
En 2021, Susanita Freire y Rafael Curci publicaron el libro de investigación Misericordia Campana sobre el teatro de títeres montevideano, con ilustraciones de Rodolfo Fucile.
En 2024, el espectáculo “Ambrosio, el campanero de la Matriz” se presentó en el Teatro Solís, llevando la historia de este personaje multifacético a nuevas generaciones.
Misericordia Campana fue el campanero de la Matriz, el negro que hacía hablar a las campanas, el héroe de los títeres. Su historia es la de un hombre que, en el Montevideo del siglo XIX, se convirtió en leyenda sin ser militar, sin ser político, sin ser nada de lo que la historia oficial suele recordar.
Hoy, su nombre perdura en los libros de investigación, en las obras de teatro, en la memoria de los titiriteros que lo consideran el padre de su arte en el Uruguay. Es un recordatorio de que la historia no se escribe solo con los nombres de los grandes, sino también con los de los que, desde las alturas del campanario, hicieron hablar a los bronces y se convirtieron, sin saberlo, en el primer héroe popular del teatro de títeres uruguayo. Porque la historia que no se cuenta, se pierde. Y la historia que se pierde, se repite. Pero la historia que se desentierra se recuerda. Y la historia que se recuerda, nos hace libres.
Bibliografía
Fuentes primarias y documentales
• Carrasco, Sansón. “Misericordia Campana (‘El Quasimodo del Uruguay’)”. Montevideo, 21 de noviembre de 1882. Crónica fundamental que retrata al personaje y su contexto, publicada en Crónicas Montevideanas [citation:4†L1-L2].
• “Iglesia Matriz, Catedral Metropolitana – MONTEVIDEO: Campanas, campaneros y toques” . Campaners.com. Reproduce la crónica de Sansón Carrasco y proporciona bibliografía sobre el personaje [citation:4†L1-L2].
Fuentes secundarias
• Fernández Saldaña, José María. “Misericordia Campana y Sayago”. En: Historias del viejo Montevideo. Montevideo: Arca. Biografía detallada del campanero, su origen pernambucano, su llegada a Montevideo y su vida.
• Freire, Susanita; Curci, Rafael. Misericordia Campana. Buenos Aires: Tridente Ediciones, 2021. Libro de investigación sobre el teatro de títeres montevideano y el personaje histórico.
• Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA) . “Títeres Gira-Sol”. World Encyclopedia of Puppetry Arts. Menciona la cooperativa Misericordia Campana y el personaje histórico.
• Títeres Gira-Sol. Espectáculo “Ambrosio, el campanero de la Matriz” en el Teatro Solís. Basado en la historia de Ambrosio Camariñas.
• Cooperativa Misericordia Campana. Fundada en 1992 por titiriteros y artistas.