El corazón político de la Banda Oriental: la institución que gobernó el territorio más grande del Uruguay y escribió las primeras páginas de nuestra organización nacional
Por décadas fue mucho más que una casa de gobierno. Fue tribunal, parlamento, municipio, juzgado, cuartel de decisiones y símbolo del poder español en el este de la Banda Oriental. Desde sus salas salieron resoluciones que marcaron el destino de miles de habitantes y administraron un territorio inmenso que hoy comprende tres departamentos del Uruguay. La historia del Cabildo de Maldonado no pertenece solamente a los fernandinos. Es parte de la historia política del país. Porque antes de que existiera el Uruguay independiente, antes de las intendencias y de las juntas departamentales, fueron los cabildos quienes organizaron la vida cotidiana de las ciudades y sus campañas. Y el de Maldonado fue uno de los más importantes.
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TENGOCALLE /Desde Montevideo EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.
Cuando nació una autoridad para gobernar el Este
El 5 de septiembre de 1784, mediante decreto del virrey Marqués de Loreto, quedó oficialmente constituido el Cabildo de Maldonado. La nueva institución comenzó a funcionar en el edificio del antiguo Ministerio Real de Hacienda, construido pocos años después, hacia 1790, en pleno corazón de la ciudad.
Su primer alcalde fue José Terradel, acompañado por un grupo de regidores encargados de administrar justicia, controlar el comercio, organizar la seguridad pública y representar a los vecinos ante la Corona Española. Aquella creación respondía a una necesidad concreta.
Maldonado ya no era una pequeña población militar. Había comenzado a transformarse en un centro administrativo estratégico frente al avance portugués sobre la frontera oriental y necesitaba un gobierno propio.
Mucho más que una ciudad
El Cabildo gobernaba un territorio gigantesco. Cuando todavía no existían Rocha ni Lavalleja, toda aquella enorme extensión dependía administrativamente de Maldonado. Desde el Arroyo Solís Grande hasta los confines orientales de la Banda Oriental. Desde las sierras hasta el océano. Desde las costas del Río de la Plata hasta las islas atlánticas. Era, sin discusión, el departamento más grande del país colonial.
Décadas después surgirían:
- Minas (actual Lavalleja) en 1837.
- Rocha en 1880.
Pero durante muchos años todo ese inmenso territorio tuvo un solo centro político: el Cabildo fernandino.

El edificio que sobrevivió al tiempo
El antiguo edificio del Cabildo todavía permanece de pie. Ubicado sobre la calle 25 de Mayo, entre Sarandí y 18 de Julio, fue testigo de guerras, invasiones, revoluciones y cambios institucionales.
Originalmente construido para albergar el Ministerio Real de Hacienda, con el paso del tiempo tuvo múltiples funciones. Fue sede administrativa. Funcionó como Junta Económica. También como Aduana. Y actualmente alberga la Jefatura de Policía de Maldonado, siendo además Monumento Histórico Nacional. Cada piedra conserva la memoria de más de dos siglos de historia.
El Cabildo que discutía, peleaba y hacía política
Muchas veces imaginamos aquellos cabildos como instituciones solemnes y silenciosas. La documentación demuestra exactamente lo contrario. Allí había disputas. Enfrentamientos personales. Denuncias. Acusaciones. Intereses políticos. Luchas de poder.
Un episodio extraordinario ocurrió a fines de 1803. El Virrey anuló la elección realizada por el Cabildo porque uno de sus integrantes, Juan Machado, no había sido convocado correctamente. Hubo que repetir toda la elección. Pero el conflicto recién comenzaba.
La famosa “pandilla” del Cabildo
Machado elevó una durísima representación al Virrey. Su denuncia constituye uno de los documentos políticos más importantes del Maldonado colonial. Allí afirmaba que desde hacía tres años el Cabildo vivía envuelto en:
- disputas permanentes;
- enfrentamientos internos;
- persecuciones personales;
- abuso de autoridad;
- utilización política de los cargos públicos.
En uno de los pasajes más fuertes sostenía que una pequeña “pandilla” había capturado el gobierno municipal. Según Machado, esos pocos hombres dominaban todas las decisiones, arrastraban a los nuevos cabildantes hacia sus intereses particulares y provocaban enormes gastos al pueblo mediante pleitos permanentes. Su conclusión era devastadora. Afirmaba que el Cabildo ya no trabajaba por Maldonado. Trabajaba para sí mismo.

La intervención del hombre que conocía Maldonado como nadie
El Virrey pidió entonces opinión al Ministro de Real Hacienda, Rafael Pérez del Puerto. Nadie conocía mejor aquella región. Había participado directamente en la formación de Maldonado y de otros pueblos del Este.
Su informe fue demoledor. Confirmó gran parte de las críticas. Describió un Cabildo integrado muchas veces por personas sin preparación suficiente para ejercer cargos públicos. Habló de personalismos. De venganzas. De ignorancia administrativa. Y de una estructura que perjudicaba al propio pueblo.
Incluso defendió públicamente a varios vecinos que habían sido descalificados por los dirigentes enfrentados. Entre ellos Miguel O’Rian, a quien definió como uno de los hombres más distinguidos de Maldonado.
El Virrey tomó una decisión histórica
Finalmente, el 12 de enero de 1804, el Virrey rechazó completamente la elección realizada por la mayoría del Cabildo. Designó personalmente nuevas autoridades. Y ordenó al comandante militar que las pusiera inmediatamente en funciones.
Fue una intervención política excepcional. Una demostración de que la Corona seguía de cerca lo que ocurría en Maldonado.
La ciudad también construía identidad
No todas eran disputas. El Cabildo también dejó importantes decisiones culturales.
El 2 de mayo de 1787, los capitulares resolvieron instituir oficialmente la fiesta del santo patrono de la ciudad. Desde entonces, San Fernando pasó a ser el protector espiritual de Maldonado. La celebración fue fijada para el 30 de mayo.
Se organizó una misa solemne. Procesiones. Participación militar. Vecinos distinguidos. Y un gran estandarte de damasco con la imagen del rey Carlos III. Aquella resolución, rescatada por el historiador Carlos Seijo, constituye uno de los documentos más importantes de la identidad fernandina. Durante generaciones la ciudad celebró esa festividad como uno de sus acontecimientos más trascendentes.

1816: cuando Maldonado era el departamento más grande del Uruguay
La historia del Cabildo alcanzó otro momento fundamental durante la etapa artiguista. El 27 de enero de 1816, el Cabildo de Montevideo resolvió dividir la Provincia Oriental en seis departamentos para mejorar la administración del territorio.
La resolución fue enviada a José Gervasio Artigas, Protector de los Pueblos Libres.
Artigas la aprobó el 3 de febrero de 1816. Entre aquellos seis departamentos sobresalía uno por encima de todos. Maldonado. Su jurisdicción comprendía prácticamente todo el Este del actual Uruguay. Aquella división territorial fue el punto de partida de la organización administrativa que, con modificaciones posteriores, continúa vigente hasta nuestros días.
El final de una época
La dominación española terminó. La independencia transformó completamente las instituciones.
En 1828 el antiguo Cabildo dejó de existir. Su función fue sustituida por nuevas formas de gobierno acordes al naciente Estado oriental. Sin embargo, su legado permaneció. Las calles. Los edificios. Las actas. Las resoluciones. Y la organización territorial siguieron marcando la evolución de Maldonado durante el siglo XIX.
Un edificio que sigue hablando
Hoy miles de personas pasan diariamente frente al antiguo Cabildo sin imaginar que allí se discutieron las primeras políticas públicas del Este uruguayo. Que allí se administró un territorio inmenso. Que desde esas salas se impartió justicia. Se organizaron elecciones. Se enfrentaron grupos políticos. Se aprobaron fiestas populares. Se defendieron intereses económicos. Y se escribió buena parte de la historia institucional de la Banda Oriental. Porque las ciudades no nacen únicamente con sus fundaciones. También se construyen desde las decisiones que toman quienes las gobiernan.
El Cabildo de Maldonado fue, durante más de cuatro décadas, el gran escenario donde se forjó esa identidad. Allí convivieron el poder colonial, las tensiones entre vecinos, las aspiraciones de progreso y los primeros ensayos de organización política de un territorio que más tarde sería parte del Uruguay independiente. Sus muros, hoy integrados a otro edificio público, siguen recordando que antes de las intendencias, de las juntas departamentales y de la República, hubo una institución que marcó el rumbo del departamento más extenso de la antigua Banda Oriental y dejó una huella imborrable en la historia nacional.
Fuente: Diario El Día
Fotos: Instituto Uruguayo Argentino