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Durante más de tres siglos, la fundación de pueblos en el Uruguay fue un acto casi puramente repetitivo. Del estricto mandato de las Leyes de Indias en la Colonia se pasó a la especulación febril del período liberal; pero en ambos casos, la herramienta fue siempre la misma: el damero tradicional. Trazado a regla y cordel por agrimensores, el casco urbano no se concebía como un espacio tridimensional para ser habitado, sino como una simple plantilla sobre la tierra, un loteo plano para vender o repartir. No había teoría; había rutina. Sin embargo, al despuntar el siglo XX, el país vivió un quiebre cualitativo sin antecedentes en su historia urbana. Por primera vez, el diseño de nuestras ciudades dejó de ser un mero trámite del catastro para convertirse en una disciplina técnica, estética y científica, de la mano del pensamiento arquitectónico.
TENGOCALLE /Desde Montevideo EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

La Gran Invasión de las Ideas Europeas
A diferencia de las centurias anteriores, el siglo XX inauguró una era de especulación teórica enriquecida por las doctrinas que arribaban desde los grandes centros de irradiación cultural europea. Los nombres de Camilo Sitte, Raymond Unwin, Joseph Stübben, Léon Jaussely, Ebenezer Howard y Le Corbusier dejaron de ser lejanos referentes para convertirse en lecturas de cabecera de una naciente estirpe de profesionales uruguayos.
Este vendaval doctrinario ingresó al país por cuatro vías fundamentales:
La Literatura Especializada: Libros fundacionales como Garden Cities of Tomorrow o L’Art de bâtir les villes sirvieron de base autodidacta a pioneros como Eugenio Baroffio y Raúl Lerena Acevedo.
Los Grandes Concursos e Intervenciones: El Concurso Internacional de 1912 para las Avenidas de Montevideo atrajo miradas europeas. El paisajista francés Carlos Thays proyectó el parque de Carrasco y el suizo Augusto Guldini asumió la elaboración del Plano Regulador de Montevideo.
Las Visitas Ilustres: Las conferencias en Montevideo de urbanistas como Léon Jaussely (1926) y el mismísimo Le Corbusier (1929) sacudieron el ambiente académico nacional.
Las Becas al Exterior: El Gran Premio de Arquitectura (creado en 1917) permitió a jóvenes talentos viajar a Europa a absorber las vanguardias. De esa cantera emergieron las tres figuras tutelares de la disciplina en Uruguay: Mauricio Cravotto, Julio Vilamajó y Carlos Gómez Gavazzo.

La Primera Ola: El Urbanismo Esteticista y Romántico
El primer brazo institucional encargado de moldear esta nueva conciencia fue la Sección Embellecimiento de Ciudades del Ministerio de Obras Públicas, creada en 1911 y dinamizada desde 1916 por el arquitecto Raúl Lerena Acevedo.
En 1917, Lerena Acevedo redactó sus célebres Prescripciones para el Trazado de Ciudades y Aglomeraciones Urbanas de la República. Su visión era marcadamente romántica, esteticista y pintoresquista, siguiendo las huellas del austríaco Camilo Sitte:
- Odio al Damero: Lerena Acevedo condenó el damero como el culpable de la atonía y la monotonía de la campaña uruguaya.
- Elogio de la Curva y la Sorpresa: Sostuvo que el trazado debía adaptarse a la topografía del terreno. La línea curva, las contracurvas, las vistas cambiantes y los entrantes y salientes de las fachadas debían reemplazar la aburrida ortogonalidad.
- El Jardín como Protagonista: La ciudad debía concebirse como una obra de arte acabada, cercada por un cinturón verde de parques que impidiera el crecimiento descontrolado. Si la ciudad necesitaba crecer, debía hacerlo mediante “barrios satélites” autónomos.
A pesar de que no pudo levantar una ciudad desde cero, Lerena Acevedo aplicó esta ideología en los planos reguladores de varias capitales departamentales del interior, intentando suavizar la rigidez del damero preexistente.

La Segunda Ola: Cravotto y la «Ciudad Viva» (Urbanismo Científico)
El paradigma cambió radicalmente cuando el arquitecto Mauricio Cravotto asumió en 1925 la Cátedra de Trazado de Ciudades en la Facultad de Arquitectura (que había sido inaugurada en 1922 con el propio Lerena Acevedo).
Cravotto sepultó la idea romántica de la ciudad como un cuadro estático para contemplar. Para él, la ciudad era un organismo vivo y dinámico en constante transformación. Pasó así del esteticismo al urbanismo científico:
«Fomentar el Bienestar, organizar el Bienestar, construir el Bienestar; componer, coordinar los elementos que repercuten en la vida agradable, noble y honesta; arquitecturar el Bienestar, eso es Urbanizar».
— Mauricio Cravotto
Con la creación del Instituto de Urbanismo en 1936, dirigido por Cravotto, el país empezó a investigar científicamente su propio suelo mediante los llamados expedientes urbanos (diagnósticos con datos climáticos, sociales y económicos), superando la copia literal de manuales extranjeros para desarrollar una teoría adaptada al medio uruguayo.

La Cúspide: De la Ciudad al Territorio (1952)
El proceso de maduración de la doctrina uruguaya alcanzó su cénit con el Plan de Estudios de 1952 de la Facultad de Arquitectura. Bajo la mirada esclarecida de Carlos Gómez Gavazzo, el Instituto pasó a llamarse Instituto de Teoría de la Arquitectura y Urbanismo (ITU).
Ahí cayó la última gran frontera teórica: la falsa dicotomía entre el campo y la ciudad. Gómez Gavazzo demostró que el medio urbano y el medio rural no son mundos opuestos, sino polarizaciones funcionales de un mismo territorio. Se abandonó la visión puramente “urbanística” para dar paso a la Planificación Territorial: una disciplina integral donde la ciudad y el campo se articulan armónicamente para garantizar el desarrollo de la comunidad.
El Legado en el Mapa
El siglo XX le enseñó al Uruguay que trazar un pueblo no es tirar líneas rectas sobre una pradera para vender solares al mejor postor. Fue la gesta heroica de una generación de arquitectos que pasó de la búsqueda del pintoresquismo a la ciencia del bienestar territorial. Hoy, cuando miramos la curva de una avenida, la presencia de un parque departamental o la planificación de una región, estamos pisando la huella de aquellos teóricos que soñaron, estudiaron y “arquitecturaron” nuestro habitar.
Fuente: HISTORIA DE LOS PROBLEMAS DE LA ARQUITECTURA NACIONAL
FUNDACION DE POBLADOS EN EL URUGUAY
RICARDO ALVAREZ LENZI