Segunda Parte de la serie especial “80 años de la Organización del Fútbol del Interior”
80 ANIVERSARIO / Por Diario Uruguay EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.
La Organización del Fútbol del Interior no nació por decreto. No fue una concesión de la Asociación Uruguaya de Football. No fue una reforma administrativa. La OFI nació de una rebelión institucional cuidadosamente organizada durante meses por dirigentes que comprendieron que el fútbol del Interior había llegado al límite de su paciencia. Para comprender lo que ocurrió los días 13 y 14 de julio de 1946, es necesario retroceder varias semanas.

EL HOMBRE QUE DECIDIÓ DECIR BASTA
Todo comenzó en Paysandú. El presidente de la Liga Departamental de Football, Dr. Isidoro Leirana, observaba con preocupación cómo el Consejo Permanente del Fútbol del Interior, creado bajo la órbita de la Asociación Uruguaya de Football, había quedado reducido a un organismo sin capacidad de decisión. Las propias actas de la época son contundentes.
El Consejo Permanente carecía de autonomía. No podía gobernar al fútbol del Interior. Dependía permanentemente de la voluntad de la Asociación, que priorizaba el desarrollo del fútbol profesional de Montevideo mientras postergaba los reclamos de las Ligas del resto del país.
Cuando Paysandú elevó una nota de protesta el 16 de mayo de 1946, denunciando esa situación, la respuesta de la Asociación fue lapidaria: la nota fue devuelta “por improcedente”. Aquel gesto terminó produciendo exactamente el efecto contrario al que buscaba la dirigencia capitalina. Lejos de aislar a Paysandú, provocó una ola de solidaridad que recorrió todo el Interior.
EL PAÍS EMPEZÓ A HABLAR
Las respuestas comenzaron a llegar una tras otra. Desde San José, su presidente, Dr. Guido Berro Oribe, respaldó íntegramente la actitud de Paysandú y sostuvo que la protesta era correcta tanto en el fondo como en la forma.
Su carta es una de las piezas políticas más importantes de la historia del fútbol uruguayo. Allí afirmaba que el verdadero problema no era el intercambio de notas, sino la falta de autonomía del fútbol del Interior y proponía la creación de un organismo dirigente propio, colocado en un plano de igualdad institucional con Montevideo. Incluso analizaba dos caminos posibles: mantener la afiliación exigiendo una profunda reforma o avanzar hacia la desafiliación si no existían garantías de autonomía.
Mientras tanto, desde Artigas llegaba otra adhesión histórica. Su Liga calificó la nota enviada por Paysandú como un verdadero “grito de alerta” para todo el Interior y respaldó la convocatoria de un gran Congreso de todas las Ligas.
Flores hizo lo propio. Cerro Largo también.
Las Confederaciones regionales comenzaron a coincidir en un mismo diagnóstico. Ya no se trataba de resolver un conflicto puntual. Había llegado el momento de reorganizar políticamente al fútbol del Interior.
LA CONVOCATORIA QUE CAMBIÓ TODO
Fue entonces cuando el doctor Isidoro Leirana tomó la decisión más trascendente de su vida dirigencial.
En lugar de continuar intercambiando notas con la Asociación Uruguaya de Football, convocó a todas las Ligas afiliadas del Interior para discutir el futuro de manera colectiva. El llamado tuvo una enorme repercusión.
Originalmente se pensó en realizar el Congreso en Paysandú. Sin embargo, razones de transporte y accesibilidad llevaron a fijar la reunión en Montevideo, en la sede del Club Residentes de San José.
Allí, durante los días 13 y 14 de julio de 1946, se reunirían dirigentes llegados desde todos los rincones del país con un objetivo muy concreto: decidir si el Interior seguiría dependiendo de las decisiones de Montevideo o comenzaría a construir su propio destino.
NO ERA UNA REBELIÓN CONTRA EL FÚTBOL
Conviene aclararlo. Aquellos dirigentes no pretendían dividir al fútbol uruguayo. Todo lo contrario. Lo que buscaban era construir una relación de igualdad. Querían un sistema nacional donde Montevideo administrara el fútbol profesional y el Interior gobernara sus propias competencias, bajo reglas adaptadas a su realidad.
El propio documento de San José lo expresaba con absoluta claridad al proponer “un órgano superior, de enlace, que dejara situados en un mismo plano a Montevideo y al Interior, cada uno con autoridades y regímenes propios”. Era una idea revolucionaria para su época. Y, al mismo tiempo, profundamente democrática.
EL NACIMIENTO DE UNA IDENTIDAD
El Congreso de julio de 1946 no produjo solamente una nueva organización. Produjo algo mucho más importante. Creó una identidad. Desde ese momento, el fútbol del Interior dejó de verse como un conjunto disperso de Ligas departamentales y comenzó a reconocerse como una comunidad con intereses comunes, con representación política propia y con un proyecto deportivo compartido.
Aquellos hombres comprendieron que ninguna institución sobrevive si depende exclusivamente de la voluntad de otra. Por eso la autonomía no fue concebida como un privilegio. Fue entendida como una necesidad para garantizar el crecimiento del fútbol amateur en todo el territorio nacional.
OCHENTA AÑOS DESPUÉS
Ocho décadas más tarde, el Congreso Fundacional continúa dejando una enseñanza que atraviesa el tiempo.
Las instituciones pueden cambiar de autoridades. Pueden modificar reglamentos. Pueden transformar campeonatos. Pero nunca deberían olvidar las razones que justificaron su nacimiento. Porque la OFI nació para representar al Interior.
Nació para defender su autonomía. Nació para que ninguna Liga tuviera que volver a golpear puertas reclamando el derecho a ser escuchada.
En la próxima entrega reconstruiremos, documento en mano, las deliberaciones del Congreso Fundacional y cómo aquellas resoluciones dieron origen a la primera estructura institucional de la Organización del Fútbol del Interior, iniciando una nueva etapa en la historia del deporte uruguayo.