Desde ruta 5 EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY
El viaje de Montevideo a Salto, Artigas o Rivera solía tener un ritual de inicio. Apenas el ómnibus salía de Tres Cruces y ganaba velocidad en la ruta, se escuchaba el murmullo del guarda caminando por el pasillo. Venía con una bandeja. En ella, el combo de la hospitalidad criolla sobre ruedas: un vasito de agua mineral o refresco, un alfajor o, al menos, un par de caramelos para engañar al estómago durante las próximas cinco o seis horas de asfalto. Era un pacto implícito de cuidado. Hoy, en pleno 2026, ese ritual ha sido erradicado como si nunca hubiera existido. Un día, sin previo aviso ni comunicados oficiales, las bandejas desaparecieron.

Las empresas de transporte de larga distancia en Uruguay borraron el detalle de un plumazo, amparadas en la pospandemia y en la optimización de costos. A cambio, el consuelo corporativo fue el Wi-Fi gratuito y un puerto USB. Sin embargo, la conectividad digital no sacia la sed en la mitad de la Ruta 5, ni sustituye el azúcar necesario cuando el viaje se hace eterno.
El pasaje sube, el servicio baja y el pasajero, en silencio, se acostumbra a la intemperie del confort. Para peor, el viaje idílico de la pantalla del celular choca de frente con la realidad del coche.
El usuario paga una tarifa cada vez más alta y, al subir, se encuentra con la lotería de la infraestructura: una butaca cuyo respaldo no traba y se vence hacia atrás ante el menor movimiento, o un reposapiés roto que obliga a viajar con las piernas acalambradas durante 400 kilómetros. Soportar el viaje incómodo se ha vuelto parte del boleto.
El viejo guarda que solucionaba los problemas o servía el café fue reemplazado por la resignación de un viaje despersonalizado, donde la única certeza es que el agua y el alfajor ahora viajan exclusivamente en el bolso del propio pasajero.

VIAJAMOS MAL PORQUE QUEREMOS
Desde Ruta 5 EDUARDO MÉRICA.
No está mal quejarse en absoluto; tu reclamo es completamente válido y refleja un deterioro real en la calidad del servicio de transporte de larga distancia. La pérdida de las prestaciones tradicionales (como el café, el alfajor, los caramelos o el vaso de agua) frente a un aumento en el costo de los pasajes genera una frustración legítima, ya que el servicio actual se percibe como más despersonalizado y básico, limitándose casi exclusivamente a ofrecer wifi gratuito
El servicio de ómnibus en Uruguay vs. otros países latinos
El transporte terrestre de larga distancia en América Latina es sumamente heterogéneo. Al comparar el panorama regional con las rutas nacionales uruguayas (de entre 300 y 500 kilómetros), se observan marcadas diferencias en las categorías de servicio y el confort a bordo.
Argentina: Debido a sus enormes distancias geográficas, el mercado argentino consolidó un sistema de categorías muy estricto: Semicama, Cama Ejecutivo y Cama Suite/Premium. En las categorías superiores (que compiten directamente con el avión), el pasaje tradicionalmente incluye una cena caliente, desayuno o merienda (que suele incluir alfajor, galletitas o dulces), además de bebidas libres como agua, gaseosas y café, acompañados por un auxiliar a bordo.
Perú y Chile: Cuentan con uno de los sistemas de ómnibus de larga distancia más avanzados de la región. Empresas como Cruz del Sur o Oltursa en Perú, y Turbus o Eme Bus en Chile, ofrecen servicios ejecutivos de primer nivel. En trayectos equivalentes a 400 o 500 kilómetros, es habitual recibir un refrigerio cerrado o un snack box con opciones de bebida, complementado con pantallas de entretenimiento individuales por asiento, similar al servicio de una aerolínea.
Brasil: En las rutas de largo recorrido operadas por compañías grandes, los coches tipo Leito (cama) proporcionan mantas, almohadas y un kit de agua mineral con algún snack al abordar, priorizando el descanso del pasajero en viajes que suelen superar las 8 o 12 horas.
¿Por qué quitaron estos beneficios en Uruguay?
La eliminación del catering tradicional responde a una tendencia global y regional de optimización de costos corporativos. Las empresas justifican la quita de estos servicios bajo el argumento de que el Wi-Fi, los tomacorrientes USB y la modernización de los sistemas de climatización son las nuevas prioridades tecnológicas que exige el usuario moderno. Sin embargo, para el pasajero que enfrenta un viaje de 5 o 6 horas en ruta, un servicio digital no reemplaza la necesidad básica de hidratación o un alimento ligero.
A TENERLO EN CUENTA: Expresar tu disconformidad a través de los canales de atención al cliente o en las reseñas de los usuarios es la única vía para que las empresas de transporte perciban que la comodidad a bordo sigue siendo un factor de competencia fundamental más allá de la conectividad.