La sanción que desapareció Cuando la OFI castigó a Young por desacato… y levantó la pena antes de recibir el acatamiento oficial
ARCHIVOCES /Por Eduardo Mérica
Diario Uruguay – Periodistas en Red
Hay episodios en la historia de la Organización del Fútbol del Interior (OFI) que todavía hoy generan interrogantes. No por la existencia de un fallo disciplinario, sino por la forma en que fue administrado. El caso de la Asociación de Fútbol de Young (AFY), ocurrido a comienzos de 2014, continúa siendo uno de los antecedentes más polémicos de la conducción institucional del fútbol chacarero.

La secuencia fue tan llamativa que muchos dirigentes y periodistas de la época la resumieron en una sola pregunta:
¿Cómo puede levantarse una sanción por desacato antes de recibir oficialmente la prueba documental de que el desacato había cesado?
Ese fue el eje de una controversia que dejó al descubierto inconsistencias administrativas y una profunda discusión sobre los criterios con que actuaba el Ejecutivo de la OFI.
Una sanción ejemplar…
Todo comenzó cuando la OFI resolvió sancionar a la Asociación de Fútbol de Young por entender que no había acatado un fallo emanado de su Tribunal Arbitral. La consecuencia era severa.
Young quedaba impedido de participar con su selección en la Copa Nacional de Selecciones. Era un mensaje institucional claro: las resoluciones de los órganos jurisdiccionales debían cumplirse.
…que desapareció inesperadamente
Sin embargo, pocos días después ocurrió lo inesperado. La sanción fue levantada. Y Young terminó participando normalmente del campeonato. Lo llamativo no fue solamente el cambio de criterio. Lo verdaderamente discutido fue el momento en que se produjo.
Según denunciaron dirigentes de Young, la OFI habría rehabilitado a la Asociación antes de recibir oficialmente la documentación que acreditaba que la AFY había resuelto acatar el fallo en una sesión extraordinaria realizada el 1° de enero.
Incluso se señaló que, un día después, el Ejecutivo ya había confeccionado las designaciones arbitrales correspondientes al partido que Young disputaría ese fin de semana. Para los denunciantes, la cronología abría un interrogante difícil de responder.
La reacción desde Young
Las críticas no tardaron en multiplicarse. Una de las voces más firmes fue la de Ana Nela Portela Suárez, quien sostuvo públicamente que la situación ameritaba la intervención de organismos estatales vinculados al deporte.
Su planteo apuntaba directamente al procedimiento seguido por la OFI. Si la sanción obedecía al incumplimiento de un fallo, razonaba, la rehabilitación debía producirse únicamente después de recibir la constancia formal del acatamiento. De lo contrario, la decisión aparecía como arbitraria.
“Se salvó el fútbol… pero se perdió la dignidad”
Las redes sociales también reflejaron el clima que se vivía en Young. Mientras algunos celebraban que la selección pudiera competir, otros advertían que el costo institucional había sido demasiado alto. Una de las frases que más repercusión tuvo resumía ese sentimiento:
“Se salvó el fútbol de Young… pero se perdió la dignidad.”
Era una manera de expresar que el conflicto ya había trascendido lo deportivo. Lo que estaba en discusión era la credibilidad de los procedimientos disciplinarios.
Una OFI bajo cuestionamiento
Desde distintos ámbitos comenzaron a señalar una supuesta falta de coordinación entre el Tribunal Arbitral y el Consejo Ejecutivo. Incluso algunos medios especializados publicaron que determinados fallos jurisdiccionales no eran analizados previamente por el Ejecutivo, lo que generaba decisiones difíciles de sostener políticamente.
Aquella percepción alimentó el debate sobre el funcionamiento interno de la organización. No se cuestionaba solamente un caso puntual. Se cuestionaba el sistema.
La contradicción administrativa
Paradójicamente, mientras el conflicto disciplinario ocupaba la agenda institucional, la propia OFI difundía circulares aplicando rápidamente resoluciones provenientes de otros organismos del Estado.
Un ejemplo citado en aquellos días fue la comunicación mediante la cual se informaba la prórroga de la vigencia del Carné de Adolescente para la práctica deportiva, conforme a una resolución de la Dirección Nacional de Deportes. Para algunos dirigentes de Young, esa rapidez contrastaba con la forma en que se administraban otros expedientes internos.
El reclamo por un cambio
Desde Young también aparecieron voces históricas del fútbol local reclamando una renovación dirigencial. El exfutbolista Jorge Orellano resumía un sentimiento compartido por muchos.
Recordaba épocas en las que, según su visión, los dirigentes trabajaban prioritariamente por el desarrollo del fútbol y de las divisiones formativas. Lamentaba que las protestas reglamentarias y los conflictos administrativos terminaran ocupando más espacio que el propio juego. Y advertía que ese camino alejaba a los jóvenes del fútbol del Interior.
Un antecedente que dejó huellas
Más allá de cuál haya sido la interpretación jurídica correcta de aquellos hechos, el episodio de Young dejó instalada una discusión que todavía hoy conserva vigencia. Porque el problema no era solamente levantar o mantener una sanción.
El verdadero debate era otro. La previsibilidad institucional. La igualdad de criterios. La transparencia en la aplicación de los reglamentos. Y, sobre todo, la necesidad de que las decisiones disciplinarias no dejaran margen para sospechas ni interpretaciones contradictorias.
El caso Young terminó convirtiéndose en uno de los antecedentes más recordados de la historia reciente de la OFI. No tanto por el conflicto en sí, sino porque mostró cómo una decisión administrativa podía transformarse en un debate mucho más amplio sobre la forma de gobernar el fútbol del Interior uruguayo.