El silencio también duele cuando se lleva una voz. Y este domingo, en Tegucigalpa, el fútbol perdió una de esas voces que no se olvidan. Murió Julio César Núñez, el “canario” que cruzó fronteras pero nunca dejó de ser del interior. Tenía 71 años. Un derrame cerebral, sufrido semanas atrás, terminó apagando su vida. Pero no su historia. Porque hay periodistas… y hay tipos como Núñez. De esos que no relatan partidos: los viven. Los empujan. Los sienten como propios. De esos que inventan frases que quedan tatuadas en la gente. “¡Aguante, corazón!” no era solo un grito. Era una forma de entender la vida, el deporte y la profesión.

PERIODISTAS EN RED/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY

Había nacido en Las Piedras, allá por 1954. Sus primeros pasos no fueron en el deporte, sino en la política, en las radios de un Uruguay que también peleaba sus propias batallas. Pasó por Canal 5, por CX 26 SODRE, y fue creciendo con esa curiosidad insaciable que tienen los que no se conforman con repetir lo que ya está dicho. Hasta que en 2003, empujado por la crisis, cruzó el mapa y se fue a Honduras. Y ahí volvió a empezar. Como hacen los que tienen vocación de verdad.

En Radio HRN y en Televicentro se convirtió en referencia. En voz. En marca. En ese relator que no necesitaba presentación porque la gente ya sabía quién era apenas abría el micrófono. Su acento, su pasión y su forma de narrar lo transformaron en uno de los grandes del periodismo deportivo hondureño. Pero hay historias que explican mejor a un hombre que cualquier currículum.

Una de ellas quedó grabada en la memoria de quienes entienden lo que significa ser colega. Año 1992. Congreso Electoral de la OFI en La Paloma. Interior profundo. Fútbol chacarero. De ese que muchas veces no tiene micrófono. Julio César Núñez estaba relatando un partido desde el Estadio Centenario. Profesionalismo. AUF. Todo lo que suele ocupar el centro de la escena. Pero en medio de esa transmisión, hizo algo que hoy parece imposible: frenó todo.

Llamó. En vivo. Sin móviles, sin tecnología, solo con convicción. Y nos sacó al aire a quienes estábamos cubriendo la elección del nuevo presidente de la OFI. Le dio espacio al interior. Le dio lugar a la noticia que importaba. Eso no lo hacía nadie. No antes. Mucho menos ahora. Ese gesto lo pinta entero. Después, claro, vinieron las molestias internas. Las caras largas. Los que no entendían por qué darle lugar a “eso”. Pero Núñez no negociaba su esencia. Sabía dónde estaba la noticia. Y sabía, sobre todo, a quién había que escuchar.

Hoy, desde Honduras, lo despiden colegas, dirigentes, oyentes. La Federación de Fútbol de ese país lo recordó con una frase que resume todo: su voz se apagó, pero seguirá resonando. Y es verdad. Porque hay voces que no mueren. Se quedan en la memoria. En una cabina. En un relato. En una decisión valiente. En un teléfono que suena en el momento justo.

Julio César Núñez no fue uno más. Fue de los que entendieron que el periodismo no es solo contar lo que pasa. Es decidir qué vale la pena contar. Y él eligió, una vez, contarle al mundo quién iba a dirigir el fútbol del interior. Eso no se olvida.

Aguante, corazón.

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