En las costas del sur de Brasil, cada otoño e invierno trae consigo un fenómeno que mezcla cultura popular, tradición pesquera y vida comunitaria: la “safra da tainha”, la temporada de pesca de la tainha, pez conocido en español como lisa. En el estado de Santa Catarina, esta práctica ancestral moviliza barrios enteros y transforma las playas en verdaderos escenarios colectivos donde trabajo, expectativa y celebración cada año conviven frente al mar invariablemente. A diferencia de otros métodos utilizados en Uruguay y en otras regiones del Atlántico Sur, en Santa Catarina la pesca artesanal de la tainha mantiene un sistema tradicional que ha sobrevivido al paso del tiempo. La escena comienza con el vigía, figura fundamental de esta actividad. Desde lo alto de dunas, morros o miradores naturales, el observador permanece atento al movimiento del mar, buscando las manchas oscuras que revelan el desplazamiento del cardumen que busca la recalada de calma y descanso, en su viaje anual de sur a norte.

PERIODISTA EN RED NOMADE/Desde Brasil RICHAR ENRY para DIARIO URUGUAY

Cuando finalmente identifica la llegada de la lisa, el grito del vigía rompe la calma de la playa y desencadena una operación precisa y apasionante. Los pescadores empujan rápidamente la embarcación al agua y lanzan una extensa red que rodea el cardumen mar adentro realizando un encierro. Minutos después, comienza la etapa más emblemática de esta tradición: el arrastre colectivo a la costa.

Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y hasta turistas toman las cuerdas y ayudan a tirar lentamente de la red hacia la arena de la playa. El esfuerzo es compartido y la expectativa crece a medida que el cerco se aproxima a la orilla. En los mejores días, centenas e incluso miles de peces emergen entre las olas, provocando aplausos, emoción y un sentimiento de pertenencia difícil de describir. Se clasifican por sexo, se lavan, se pesan y se distribuyen entre los pescadores, dueños de barcas, de redes e integrantes de las asociaciones que agrupan a los pescadores.

En la playa de la Ribanceira, en el municipio de Imbituba, esta tradición adquiere un carácter todavía más intenso. Allí, la llegada de la tainha prácticamente paraliza el barrio. Conductores detienen sus vehículos al borde del camino, peatones interrumpen su rutina y residentes salen de sus casas atraídos por la posibilidad de presenciar una gran captura.

La pesca deja de ser solamente una actividad económica para convertirse en un acontecimiento social y cultural. El sonido de las olas, los gritos de coordinación y la algarabia generalizada -como la de un gol de Brasil en el mundial-, el esfuerzo físico y la ansiedad colectiva generan una atmósfera única, profundamente ligada a la identidad local.

Sin embargo, detrás del aspecto festivo y del atractivo turístico, existe una realidad que muchas veces pasa desapercibida. Para algunos participantes ocasionales, la safra puede representar un hobby, una diversión o una experiencia pintoresca. Pero para los pescadores tradicionales, se trata de una actividad esencial para la supervivencia económica de sus familias.

Muchos dependen de la temporada de la tainha para garantizar ingresos que les permitan atravesar el resto del año. La pesca artesanal, transmitida de generación en generación, forma parte del patrimonio cultural de las comunidades costeras catarinenses y representa mucho más que un simple oficio: es una forma de vida.

También resulta importante destacar el profundo valor ambiental de esta práctica tradicional. La pesca artesanal de la tainha representa un modelo sustentable y sostenible de relación con el mar, muy distante de otras actividades industriales y extractivas que, durante décadas, explotaron la región portuaria de Imbituba dejando consecuencias ambientales y sociales todavía visibles. La degradación terrestre, la contaminación de las aguas submarinas y la polución aérea afectaron históricamente la calidad de vida de la población local. Frente a ese pasado, la safra da tainha permanece como un ejemplo de equilibrio entre trabajo humano, tradición y respeto por los ciclos naturales del océano.

En tiempos de I.A., alta tecnología, modernización acelerada y cambios en las dinámicas económicas del litoral brasileño, la safra da tainha continúa resistiendo como una expresión auténtica de cooperación comunitaria y de relación respetuosa con el mar. En playas como Ribanceira, cada red arrastrada hacia la arena reafirma una tradición centenaria que sigue uniendo trabajo, memoria e identidad colectiva.

Que esta nueva temporada traiga abundancia y buenos vientos para esos hombres del mar que, con fuerza, equilibrio y valentía, desafían diariamente las aguas del Atlántico confiando sus vidas al océano. Que nunca falte la esperanza en cada amanecer de pesca ni el reconocimiento hacia quienes mantienen viva una de las tradiciones más nobles y humanas del litoral catarinense.

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