No fue una entrevista más. Fue una detonación. En un momento donde el fútbol uruguayo discutía su nuevo estatuto en la propia sede de la AUF, con discursos prolijos y acuerdos que parecían inevitables, hubo una voz que decidió no alinearse. Esa voz fue la del Coronel Héctor Conrado Lazcano, ex presidente de la OFI y, para muchos, el mejor que tuvo la historia del fútbol del interior. Lo que dijo no fue cómodo. Fue directo. Fue crudo. Fue peligroso. Porque mientras en Montevideo se firmaban papeles, en el interior —según Lazcano— se estaba hipotecando el futuro. La Organización del Fútbol del Interior, el último bastión soberano de los pueblos, quedaba atada para siempre por una decisión tomada sin Congreso, sin consulta y sin respeto por su máxima autoridad. Una firma. Solo una firma. Y el destino sellado.

LA OFI REAL /Desde Montevideo PODCAST EDUARDO MÉRICA y ARIEL GIORGI para DIARIO URUGUAY.

Ese día, junto al periodista Ariel Giorgi (el que fue presidente dos veces del Círculo de Periodistas del Uruguay), fuimos a buscar lo que nadie quería decir. No en una oficina, no en un despacho institucional, sino en la casa del propio Lazcano. Ahí donde los discursos no se ensayan. La escena era casi simbólica. En el living, una pieza pequeña concentraba todo: un caballo alzado, “poniéndose de manos”, como resistiendo. Dos plaquetas, un cuadro, recuerdos apretados contra la pared. La vida de un hombre resumida en pocos metros. El “chiquito” de Fray Bentos que llegó a lo más alto, pero que nunca dejó de cargar con el peso de lo que vio por dentro. Lazcano habló sin rodeos. Habló de bronca. Habló de impotencia. Habló de decisiones tomadas desde arriba que dejaron al interior sin voz ni voto real. Y lo más fuerte: dejó entrever que no todo fue fútbol. Que hubo presiones. Que hubo pedidos. Que hubo una línea que no todos quisieron —o pudieron— cruzar. Su testimonio no busca aplausos. Busca dejar constancia.

Porque en un ambiente donde muchos eligen callar para permanecer, Lazcano eligió hablar para incomodar. Y eso, en el fútbol uruguayo, sigue siendo un acto de valentía. Esta entrevista no cierra una historia. La abre. Y deja una pregunta flotando, incómoda, necesaria: ¿cuánto perdió el interior el día que alguien decidió firmar por todos?

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