El fútbol de Paysandú atraviesa una de las crisis institucionales más profundas y escandalosas de los últimos tiempos. Lo que debió ser una simple instancia democrática para renovar autoridades terminó convirtiéndose en una batalla campal de acusaciones, denuncias, sospechas y amenazas judiciales que dejan al descubierto una interna feroz, cargada de intereses, viejas rencillas y, según muchos protagonistas, claros tintes políticos.

La reelección de Nelson Manzor al frente de la Liga Departamental de Fútbol de Paysandú, conseguida por un ajustadísimo margen de 12,5 votos contra 11, lejos de traer calma, encendió aún más la mecha de un conflicto que ya venía incubándose desde hace años.

LA OFI REAL/Desde la Redacción EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

La asamblea fue extensa, tensa y por momentos caótica. Más de tres horas y media de deliberaciones, gritos, cuartos intermedios, acusaciones cruzadas y hasta un intento de excluir a la prensa del recinto, una señal alarmante para quienes entienden que la transparencia empieza por dejar trabajar a los periodistas. Y como si faltara algo, la votación terminó cerca de la medianoche, en un clima completamente desgastado, con dirigentes enfrentados, documentos observados, clubes cuestionados y una mesa electoral al borde del colapso.

UNA REELECCIÓN ENTRE SOMBRAS

Manzor logró mantenerse en el cargo con el respaldo de 13 instituciones, entre ellas clubes históricos y otros de menor peso, sumando incluso el medio voto de San Miguel, por contar únicamente con fútbol femenino. Pero la oposición no tardó en reaccionar.

Trece clubes opositores salieron públicamente a denunciar “graves irregularidades” en el proceso electoral y a sostener que la Liga estaría funcionando fuera de su marco jurídico.

Las denuncias apuntan a varios frentes:

📌 Impugnación de la asamblea
📄 Cuestionamientos a estatutos y reglamentos
⚖️ Posibles acciones judiciales y denuncia ante el MEC

La acusación más fuerte es que la institucionalidad sanducera estaría herida de muerte, con normas interpretadas según conveniencia y con decisiones tomadas sobre bases frágiles o directamente irregulares.

EL CASO RAMPLA Y QUEGUAY: LA CHISPA QUE ENCENDIÓ TODO

Dos instituciones quedaron en el centro del escándalo:

Rampla Juniors, excluido inicialmente por supuestas deudas.
Queguay, impedido de votar por no culminar el proceso de personería jurídica. Pero ambos casos se transformaron en verdaderas bombas políticas.

Rampla aseguró que no tenía deuda exigible, presentó comprobantes y pagó en el acto lo que faltaba. Para algunos, estaba habilitado. Para otros, el reglamento era claro y el pago había llegado tarde.

En cuanto a Queguay, la polémica explotó por la personería jurídica.

Según denuncian varios actores, el club habría “acomodado” su documentación a último momento, pasando de Queguay F.C. a Deportivo Queguay F.C., generando sospechas sobre la legalidad de su habilitación.

“Así no existe en la Liga”, dispararon desde sectores críticos.

TINTES POLÍTICOS Y OPERACIONES

Lo que inicialmente parecía un conflicto deportivo hoy aparece teñido de una fuerte disputa política. Muchos comentarios en Paysandú sostienen que detrás del grupo opositor hay actores vinculados a la Intendencia y operadores con aspiraciones políticas.

Algunos señalan a abogados que utilizarían el conflicto como “trampolín político”, recordando incluso que uno de ellos ya perdió una elección frente a Manzor y hoy ocupa un cargo público. Del otro lado, la oposición acusa al oficialismo de perpetuarse en el poder mediante interpretaciones “acomodadas” de reglamentos y protección institucional.

En el medio, la OFI vuelve a quedar bajo la lupa. No faltan voces que critican la pasividad del organismo rector del Interior, acusándolo de “hacer la plancha” ante irregularidades anteriores y permitir que el problema creciera hasta este punto.

EL FÚTBOL QUEDÓ EN SEGUNDO PLANO

Mientras dirigentes se acusan, abogados redactan escritos y las redes sociales explotan con comentarios de indignación, los hinchas miran de costado y se hacen la misma pregunta:

¿Y el fútbol?

La sensación general es que hace tiempo lo deportivo dejó de ser prioridad. Muchos lamentan que las ligas paralelas, comerciales o master, hoy funcionen con más orden, más sanciones y mayor claridad que la propia Liga oficial. Otros recuerdan frases históricas, como aquella de Julio César Coiro cuando dijo que “a nivel directriz estábamos en pantalones cortos”.

Hoy, décadas después, la frase parece más vigente que nunca.

¿INTERVENCIÓN?

La denuncia presentada ante el Ministerio de Educación y Cultura puede abrir una nueva etapa.

Si el MEC detecta irregularidades en la personería jurídica o en el funcionamiento estatutario, no se descarta una intervención o medidas correctivas. Además, la posibilidad de acciones judiciales podría paralizar campeonatos y agravar aún más la crisis.

Paysandú vive horas decisivas. Porque cuando una Liga pierde credibilidad, pierde autoridad.
Y cuando pierde autoridad… el fútbol entra en anarquía. Hoy el balón dejó de rodar. Y en Paysandú, el partido más bravo… se juega en los escritorios.

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