En el histórico Congreso fundacional de Periodistas en Red Asociados, entre abrazos, reencuentros y discusiones necesarias, hubo una voz que no buscó protagonismo… pero lo terminó teniendo. La de Saúl Piña, un veterano periodista de más de seis décadas de oficio, que por primera vez en su propio pueblo recibió algo que le había sido esquivo durante años: RECONOCIMIENTO a nivel nacional. Pero Piña no fue a agradecer. Fue a decir. Sin temblores, sin medias tintas, sin el disfraz diplomático que muchas veces exige el ambiente, puso sobre la mesa una verdad incómoda: el periodismo del interior ha sido históricamente relegado, ignorado y, muchas veces, directamente invisibilizado.

ARCHIVOCES EN RED/Desde el Congreso de Periodistas en Red/Durazno EDUARDO MÉRICA para Diario Uruguay

Y no habló desde la bronca vacía, sino desde la experiencia. Más de 60 años caminando redacciones, radios y calles le dieron autoridad para desnudar un sistema donde el centralismo no es casualidad, sino regla. Donde los recursos —como la publicidad oficial— se distribuyen con lógica montevideana, y donde las noticias del interior solo parecen importar cuando son malas.

Crecientes, delitos, tragedias. Eso sí viaja rápido. Pero el trabajo silencioso, las historias de comunidad, el esfuerzo cotidiano… eso rara vez cruza el mapa.

En diálogo con colegas de Página Cero, Piña fue más allá. No habló solo de olvido. Habló de ninguneo. De una cultura instalada donde “la gran prensa” —y algunas asociaciones que se dicen nacionales— han barrido debajo de la alfombra durante años la realidad de quienes ejercen el periodismo lejos de la capital. Y esta vez, dejó claro que eso cambió.

“Siempre quedamos en segundo plano”, lanzó, con la tranquilidad de quien ya no necesita pedir permiso”.

Porque el nacimiento de Periodistas en Red no es solo una organización: es una señal. Una respuesta colectiva. Un intento concreto de equilibrar una balanza que hace demasiado tiempo está inclinada.

Piña lo entiende. Por eso, en medio de sus anécdotas —de máquinas de escribir sin corrector, de sobres que viajaban en ómnibus, de coberturas hechas a pulmón— dejó una reflexión que resume toda una vida:
Antes, la pelea era por la primicia. Hoy, la prioridad tiene que ser la verdad.
Y en esa frase hay más que nostalgia. Hay advertencia.

Porque también habló del presente: de redes sociales desbordadas, de información sin control, de periodistas que pueden ser usados según el momento político. “Cada cinco años somos espectaculares”, ironizó, en una de las definiciones más crudas —y certeras— de la relación entre poder y prensa. Sin embargo, no todo fue denuncia. Hubo lugar para la esperanza.

Vio en los jóvenes una oportunidad. En la organización, una herramienta. Y en el trabajo colectivo, la única salida posible para dignificar una profesión que, como él mismo dijo, da tantas satisfacciones como heridas.

El aplauso que recibió en Durazno no fue solo para él. Fue también para todos los que, como él, sostuvieron durante décadas un periodismo muchas veces solitario, muchas veces olvidado, pero nunca rendido.
Esta vez, la historia no salió en un sobre por encomienda.
Esta vez, la historia se dijo en voz alta.
Y ya no hay vuelta atrás.

Fuente: Página Cero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *