Un congreso que ya es historia en el Uruguay
Durazno no fue solo un punto en el mapa este domingo 12 de abril. Fue, por unas horas decisivas, el lugar donde el periodismo del interior dejó de susurrar para hablar en voz alta. Bajo la consigna «La Verdad nos Une», el Congreso Fundacional de Periodistas en Red Asociados reunió a más de 150 colegas de todo el país en la planta alta del Club Centro Unión, que desde el día anterior había abierto sus puertas —y su hospitalidad— a quienes llegaban con algo más que credenciales: llegaban con años de silencio acumulado.

No fue un congreso más. Se respiraba en el ambiente. En los abrazos largos, en las miradas cómplices, en las primeras palabras que rompían el hielo. Allí estaban los referentes de los departamentos, los que han sostenido durante décadas el pulso informativo lejos de las luces de la capital. Y esta vez no vinieron a pedir permiso. Vinieron a decir.
A decir que en Durazno se plantó, de una vez por todas, aquello que durante años soñaron en soledad: una red real, horizontal, sin tutelajes ni peajes invisibles. Un espacio donde el periodismo del interior no tenga que mendigar visibilidad ni reconocimiento.
Las palabras fueron, como se anticipaba, fuertes. No hubo eufemismos ni medias tintas. Se habló de diferencias que siguen abiertas, de un centralismo que —según señalaron varios oradores— en Montevideo se maquilla, se disimula, se administra. Un sistema que, denunciaron, ha hecho del cobro de cuotas un fin en sí mismo, sin devolver a cambio ni respaldo, ni oportunidades, ni siquiera —como dijo uno de los presentes— “un saludo cordial”.
Ese modelo, dijeron, se terminó. Pero lejos de ser un encuentro marcado por el rencor, lo que predominó fue una energía fundacional. Una convicción compartida de que el cambio no vendrá desde los centros de poder, sino desde la periferia organizada. Desde quienes conocen el territorio, las historias mínimas, la agenda real de la gente.
La presencia del intendente de Durazno, Dr. Felipe Algorta, y el apoyo de la Intendencia, fueron reconocidos por la organización como un gesto concreto en un país donde muchas veces las palabras sobran, pero los hechos faltan.
Hubo también tiempo para los reconocimientos. Para mirar hacia atrás y honrar a quienes abrieron camino cuando el oficio era aún más cuesta arriba. Nombres que no necesitan micrófono para tener autoridad. Trayectorias que sostienen, en gran medida, la credibilidad de un oficio que hoy busca reinventarse sin perder su esencia.
El momento culminante llegó con la firma del Acta Fundacional. No fue un trámite. Fue un acto cargado de simbolismo. Allí quedó escrito —y dicho— que no se reunían para celebrar lo bien que están, sino para gritar juntos una verdad incómoda: que el periodismo del interior ha sido históricamente invisibilizado en su propio país. Y que esa invisibilidad, hoy, empieza a resquebrajarse.
“No es un acto de resistencia”, se aclaró con firmeza. Es, más bien, una decisión. La de romper con una lógica de subordinación que durante años condicionó el desarrollo profesional y humano de quienes informan desde fuera del eje montevideano.
Cuando cayó la tarde en Durazno, no se apagó nada. Al contrario. Quedó encendida una llama difícil de ignorar. La de un colectivo que decidió dejar de esperar y empezar a construir.
Porque si algo quedó claro en este congreso fundacional, es que el periodismo del interior ya no está dispuesto a seguir siendo invisible. Y esta vez, parece, va en serio.
Durazno, donde las voces dejaron de ser eco
No hubo una sola frase que resumiera lo vivido en Durazno. Fueron muchas. Tantas, que terminaron armando un coro. Un coro firme, sentido, que no pidió permiso. Que habló desde adentro.
El Congreso Fundacional de Periodistas en Red no solo reunió a más de 150 colegas. Reunió historias. Caminos largos. Madrugadas de radio. Transmisiones armadas con alambre y vocación. Y, sobre todo, reunió una certeza: el interior ya no quiere —ni va a— hablar en voz baja.
Entre las tantas palabras que quedaron flotando en el aire, las del periodista Pablo Aparicio, desde Maldonado, encontraron eco inmediato. Porque no fueron solo suyas. Fueron de todos.
En un país donde las voces suelen concentrarse en un solo punto del mapa, dijo, surge esta idea. Y en esa frase simple, casi desnuda, se explicó todo lo que Durazno estaba pariendo.
Lejos de los grandes estudios. Lejos de las luces más fuertes. Lejos de las agendas que bajan en cascada desde la capital. Allí, en ese otro país que también es Uruguay, hay periodistas que no se resignan. Que siguen contando. Que siguen creyendo.
Así nació —y así se sintió— Periodistas en Red. No como un accidente ni como una moda. Como una necesidad. La necesidad de gritar, de reconocerse, de saberse acompañados. De entender que del otro lado hay otro igual. Con el mismo sueño. Con la misma lucha diaria de comunicar lo que pasa en su pueblo, en su barrio, en su departamento.
Porque ser periodista en el interior no es una consigna romántica. Es un oficio que se defiende todos los días. Es viajar kilómetros para cubrir un partido. Es improvisar una transmisión con lo que hay. Es ser relator, productor, operador y comentarista al mismo tiempo. Es, muchas veces, hacerlo todo… y seguir. Y sin embargo, se sigue.
Se sigue porque cada pueblo tiene una historia que merece ser contada. Porque hay una identidad que no entra en las grillas centralizadas. Porque hay noticias que no llegan a la tapa, pero sostienen la vida cotidiana de la gente.
En Durazno, esas verdades no se discutieron: se afirmaron.
También hubo espacio para lo incómodo. Para hablar de un centralismo que pesa. De recursos que no siempre se distribuyen con la misma vara. De decisiones que, muchas veces, se toman lejos de donde las consecuencias se sienten más fuerte. No hubo gritos vacíos. Hubo testimonios. Hubo experiencia. Hubo cansancio, sí, pero también una voluntad intacta de cambiar las cosas. Y ahí apareció el verdadero corazón del congreso: la red.
Una red que no es solo una estructura. Es un gesto. Es saber que no se está solo. Que hay otro que empuja. Que hay otro que entiende. Que hay otro que respeta. Una red de voces que no compiten, que se potencian. Porque como se dijo —y se repitió— el interior no es eco de la capital. Es origen en su voz.
Cuando se firmó el acta fundacional, no se cerró nada. Se abrió. Se abrió una etapa donde el orgullo dejó de ser silencioso. Donde se reivindica al que no baja los brazos, al que informa, al que relata, al que cuenta alegrías y tristezas desde cada rincón del país.
Porque el periodismo no vive en un solo lugar. Vive en miles.
Y en Durazno, por primera vez en mucho tiempo, todos esos lugares se miraron entre sí… y se reconocieron.
“Vamos arriba”, se escuchó más de una vez.
Y no fue una consigna.
Fue una decisión: “LO LOGRAMOS!!!!!!!”