RUMBO AL 2026: LA CELESTE Y EL PESO DE LA HISTORIA QUE NUNCA SE NEGOCIA

Hay algo que no cambia nunca en el Uruguay: cuando rueda una pelota, late un país entero. Y cuando se trata de la Celeste, ese latido se vuelve identidad, memoria y futuro al mismo tiempo. Rumbo al Mundial 2026, Uruguay no solo prepara un equipo. Prepara, como tantas veces, una causa. Porque el fútbol en estas tierras no es simplemente un deporte: es una construcción histórica que nació entre puertos, campos y desafíos, y que se fue moldeando con rebeldía, talento y una obsesión casi genética por competir.
Las primeras luchas deportivas entre Montevideo y Buenos Aires ya dejaban ver algo más profundo que un simple partido. Aquellos encuentros, incluso cuando eran protagonizados por británicos, reflejaban un sentimiento naciente: el deseo de pertenecer, de representar, de ser algo más que espectadores de una cultura importada. El fútbol fue, desde el inicio, una forma de afirmación.

HECHALACELESTE/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

Y Uruguay entendió rápido de qué se trataba.

Desde los tiempos del Albion viajando a Buenos Aires a finales del siglo XIX, ganando y haciéndose respetar, hasta la consolidación de una identidad propia en las primeras ligas, el mensaje fue claro: este país chico no iba a mirar de lejos. Iba a competir. Y muchas veces, a ganar. Esa herencia no se discute. Se honra.

Hoy, más de un siglo después, la Celeste vuelve a pararse frente a un nuevo desafío mundialista con esa misma mochila invisible: la de ser Uruguay. La de sostener una historia que no admite tibiezas. La de representar a un pueblo que, incluso en las dificultades, nunca negocia su forma de sentir el fútbol.

Pero este camino al 2026 también tiene otro condimento. El recambio generacional. Nuevas caras, nuevas energías, pero con una vieja exigencia: estar a la altura de la camiseta más pesada del mundo en relación a su tamaño. Porque Uruguay no juega por cantidad. Juega por convicción.

Y ahí aparece lo más interesante de este proceso: la convivencia entre la experiencia que marcó una era y la juventud que quiere escribir la suya. Un equilibrio delicado, pero necesario. Un puente entre lo que fuimos y lo que podemos volver a ser.

Mientras tanto, en cada rincón del país, desde el fútbol amateur hasta los grandes escenarios, la ilusión se construye como siempre: a pulmón. En los clubes, en las canchas de tierra, en los vestuarios humildes, ahí donde nace todo. Porque la Celeste no es solo once jugadores: es la consecuencia de miles de historias anónimas que empujan desde abajo.

Rumbo al Mundial 2026, Uruguay vuelve a hacer lo que mejor sabe: creer.

Creer en su historia.
Creer en su gente.
Creer en esa forma única de jugar el fútbol como si fuera la última vez. Porque al final, la Celeste no es solo un equipo. Es una manera de pararse en el mundo. Y eso, Uruguay, no lo negocia jamás.

Las luchas deportivas entre Montevideo y Buenos Aires datan desde muy lejos.

Como lo señala una publicación llamada “Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires”, de Manuel Bilbao que desde 1934 se puede leer la cita de un partido de criquet entre “argentinos y uruguayos” del 9 de diciembre de 1868, y donde el historiador relata lo dicho por el presidente “Si, es verdad que este partido se ha llamado entre argentinos y uruguayos, los dos bandos han sido compuestos de ingleses e hijos de ingleses, que nunca quieren ser considerados otra cosa que británicos; pero en la cosa que más aman, que es el sport toman nacionalidades de uruguayos y argentinos. Esto revela más que nada su inmenso cariño a estas Repúblicas del Plata que tanto deben a la iniciativa progresista de los ingleses.”

Dos décadas después llegaría la hora del fútbol a estas tierras. Por ejemplo, en el “Old Ground” de La Blanqueada en Montevideo, donde el Buenos Aires Team vencía al Montevideo Team 3-0, el 15 de agosto de 1889, en un encuentro que sería anual de colectividades británicas y que se prolongaría hasta 1894 con similar acento, pese a que en el Montevideo Team,empezaban a surgír los primeros nombres criollos.

Hay que recordar también, que por estos años que hemos citado el fútbol argentino ya se encontraba organizado, en su segunda y definitiva Liga (actual AFA), fundada por Alejandro Watson Hutton en 1893. Aunque los apellidos del citado Buenos Aires Team (del último partido del 25 de agosto de1894) terminó siendo un grupo todavía cerrado al definitivo acriollamiento. Y seguían los Carter, Gordon, Reynolds, Bridger, Walker, Buchanan, Anderson, Leslie, Gifford, Leslie II y Gifford II; que por otra parte siempre nos ganaban ellos…

Hasta que en el año 1896 viaja nuestro Albion a Buenos Aires y en Retiro (en el mes de agosto) logra las primeras victorias internacionales de uruguayos fuera del país. Los triunfos fueron 4-1 a Retiro AC y 5-3 a Belgrano con equipos uruguayos que se iban de a poco acriollándose y que con placer los nuestros querían competir contra los “británicos argentinos” y ganarles en buena ley.

Fue así que en 1898, el Albion concurrió una vez más representando al Montevideo Team, devolviendo una visita de dos equipos argentinos el Lobos y Belgrano, y posteriormente para el año de 1899 se inauguró el club de Enrique Lichtenberger, con su field en la zona del Paso Molino. Enseguida nació (1900) la Liga Uruguaya a su impulso (UAFL), y así estuvo todo listo para la actividad internacional.

Aun así Argentina ni se había enterado, de que en adelante jugar en Montevideo, contra clubes criollos, significaba lo mismo que ir a Rosario. Precisamente de esa manera estructuró la Copa Competencia (aquí conocida como Copa Argentina), mediante eliminatorias zonales, semifinales en Rosario y Montevideo y con partido final en Buenos Aires.

Así se jugó desde 1900, y la Liga Uruguaya fundada al impulso de Enrique Lichtenberger, el 30 de marzo de ese mismo año, disputó su primer campeonato oficial que sería la Copa Competencia, bajo la misma organización argentina.

EL ARGENTINO WATSON HUTTTON

El considerado padre del fútbol argentino, Alexander Watson Hutton,graduado en la Universidad de Edimburgo, había sido contratado para hacerse cargo de la dirección del Saint Andrew’s Scots School, fundado el 2 de abril de 1838. Sin embargo, poco después Watson Hutton decidió no renovar su contrato, debido a que, invocando razones presupuestarias, el Saint Andrew no estaba dispuesto a “contar en las instalaciones con un gimnasio y un campo de juego”, elementos indispensables para la visión pedagógica de Watson Hutton, en la que el deporte resultaba un componente esencial.

Alejandro Watson Hutton (foto izquierda) decidió entonces fundar el Buenos Aires English High School, para poner en práctica sus ideas educativas, orientando las actividades deportivas de los alumnos principalmente hacia el fútbol. El colegio abrió sus puertas el 1 de febrero de 1884. Para comenzar con el desarrollo del fútbol en el país, el cual no había tenido impulso desde que Thomas Hogg organizó el 20 de junio de 1867 el primer partido de fútbol, decidió contratar en Escocia a William Waters como profesor de educación física. Waters no sólo cumplió funciones de entrenamiento, sino que también participó en algunos encuentros deportivos. Además, según algunos autores, fue Waters quien trajo en 1886 desde Gran Bretaña la primera pelota de fútbol utilizada en el país.

En 1891 Alec Lamont, del Saint Andrew’s presionó para la creación de un ente que organizara una liga. De esta forma se crea la Argentine Association Football League, en la que participan seis equipos: Saint Andrew’s Scots School, Old Caledonians, Buenos Aires al Rosario

Railway, Belgrano Football Club y Buenos Aires Football Club. Si bien el English High School no participó de la competición, Watson Hutton ofició de árbitro en algunos encuentros. El campeonato, que terminó en manos del Saint Andrew’s, recibió críticas y no fue respaldado por gran parte de los clubes.

Con la finalización del torneo de 1891 finalizó también la existencia de la Argentine Association Football League, por lo que en 1892 no fue organizado ningún torneo. El 21 de febrero de 1893 Alexander Watson Hutton fundó un nuevo organismo futbolístico que utilizaría el mismo nombre del anterior, Argentine Association Football League (AAFL). Éste es considerado por la Asociación del Fútbol Argentino como su verdadero y único antecesor, y a Watson Hutton como su primer presidente. Ese mismo año el Buenos Aires English High School cambió su nombre por English High School, nombre con el que participaría en los campeonatos de 1893 y 1895.

El English High School decidió no participar en el torneo de 1894, por lo que algunos de sus alumnos decidieron jugar para el Lobos Athletic Club.

El equipo volvió a participar en el torneo en la edición de 1895, pero terminó en la última posición. El English High School no volvería a participar en la primera división hasta el año 1900, cuando obtuvo su primer campeonato. Al no participar, los ex alumnos de la escuela se inscribieron en otros equipos.

El 18 de abril de 1898 se dispuso que en cada colegio “se organizará un Club Atlético compuesto por los alumnos, ex-alumnos…”, por esto se fundó el Club Atlético English High School, en el que participaron alumnos, ex alumnos y profesores de la institución.

En 1900 el club decide retornar a la primera división, por lo que recupera a los jugadores que se encontraban en Lobos A.C. y Lanús A.C.

El torneo de 1900 fue el comienzo de una campaña exitosa que duraría hasta que el club decidió no participar más en la competición, once años después.

En 1901 la AAFL crea la tercera división, en la que participaban los menores de 17 años. Además dispuso que los clubes que representaban a establecimientos educativos debían inscribirse en esa categoría, ya que de otra forma podría interpretarse como publicidad, en base al interés que despertaba el fútbol.

El Club Atlético English High School decide cambiar su nombre a Alumni Athletic Club para no descender a la tercera división. El nombre “Alumni” fue propuesto por el ex-alumno Carlos Bowers, quien había tenido contacto en Estados Unidos con las Alumni Association, organizaciones de ex alumnos.

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