Según dirigentes entendidos: la diferencia en la votación no es de 4 votos. Fue un escenario de torta fija: si 2 de los votos volvieran a la más vieja Confederación del Litoral quedaría todo en 17 a 17, y si el Sector de Lavalleja Interior votaba, otro era el cantar: 18 a 17, que fueron los números que se manejaron…
La reelección de Gustavo Bares no puede analizarse solamente desde el resultado electoral. El dato objetivo es contundente: el 19 de setiembre de 2026, en Durazno, Bares obtuvo 19 votos contra 15 de Pablo Marrero y volverá a conducir OFI durante el período 2026-2030. Había 35 sectores presentes, pero Lavalleja Interior no pudo participar de la votación porque su poder fue rechazado; por eso el escrutinio terminó siendo sobre 34 votos. Eso significa que Bares consiguió aproximadamente el 56% de los votos efectivamente emitidos, mientras Marrero reunió el 44%. No fue una elección unánime ni un resultado arrollador. Fue una elección competitiva, definida por cuatro votos. Y justamente por eso, el verdadero análisis empieza después del escrutinio.
LA OFI MONTEVIDEANA/OPINIÓN Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY

EL RESULTADO NO EXPLICA TODO
Hay una pregunta que queda flotando: ¿Por qué volvió Bares? La respuesta más sencilla sería: porque consiguió 19 votos. Pero esa respuesta solamente describe el resultado. No explica la construcción política que llevó hasta él. Durante 2026 aparecieron públicamente distintos elementos que permiten estudiar esa construcción.
Uno de ellos es absolutamente verificable: el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, manifestó públicamente su apoyo político a Gustavo Bares antes de la elección. En una entrevista publicada en mayo, Alonso dijo que tenía desde hacía años una opinión y un “apoyo político” por uno de los candidatos: Bares. Eso no prueba por sí mismo una intervención indebida. Pero sí prueba algo mucho más concreto: el presidente de la asociación que gobierna el fútbol uruguayo tomó posición pública en una elección de la Organización del Fútbol del Interior. Y ese hecho merece ser discutido. Porque OFI tiene su propia institucionalidad, sus propios sectores y su propio Congreso.
EL OTRO PODER: LAS INTENDENCIAS
Aquí aparece el segundo elemento de esta historia. Hay casos documentados de dirigentes del fútbol reunidos con intendentes durante la campaña.
En Rivera, por ejemplo, un medio de prensa local informó que representantes de clubes mantuvieron una reunión con el intendente Richard Sander pocos días antes de que la Liga de Rivera resolviera respaldar a Bares. La publicación señala que en aquella reunión se hablaron distintos asuntos del fútbol departamental y también la posición que Rivera adoptaría en las elecciones de la OFI. Eso no demuestra que haya existido una orden de votar. Pero sí demuestra que el poder departamental y la elección de OFI estuvieron en contacto. Y ahí aparece una cuestión institucional que va mucho más allá de Bares o Marrero:
¿Hasta dónde puede llegar la participación de un gobierno departamental en una elección de una organización deportiva autónoma?
Ese es un debate legítimo. Porque una cosa es que un intendente tenga relación con el fútbol de su departamento. Otra es que los recursos, obras, convenios, iluminación, transporte, infraestructura o programas deportivos terminen convirtiéndose —real o percibidamente— en elementos de presión electoral.
Para afirmar que hubo “promesas, advertencias y amenazas” se necesitan pruebas concretas: llamadas, mensajes, testimonios identificables, documentos o denuncias. Hasta ahora, esas afirmaciones deben presentarse como denuncias o testimonios, no como hechos establecidos. Pero tampoco deberían ser descartadas sin investigación.

EL DINERO CAMBIÓ LA DIMENSIÓN DEL PODER
Y aquí está uno de los puntos más interesantes lo que pasó. La discusión no es simplemente: Bares contra Marrero. Es:
¿Qué le pasó a OFI cuando comenzó a manejar mucho más dinero y a relacionarse con estructuras de poder cada vez más grandes?
Porque Jorge Vezoli, en el testimonio que incorporamos a esta investigación, ya había planteado una preocupación de fondo: “Es más difícil tener plata que no tenerla” y que OFI debía demostrar que podía ser responsable con los recursos que ahora manejaba. Ese cuestionamiento adquiere otra dimensión después de la elección.
Cuando una organización pobre depende de la solidaridad, la capacidad de sus dirigentes puede medirse por cuánto consiguen hacer con poco. Cuando una organización administra recursos importantes, fideicomisos, derechos comerciales, televisación y relaciones institucionales, aparece otro desafío: la transparencia del poder. No alcanza con tener recursos. Hay que explicar cómo se obtienen. Cómo se distribuyen. Quién decide. Quién controla. Quién audita. Y quién puede preguntar.
EL FIDEICOMISO: ¿RECURSO DEPORTIVO O HERRAMIENTA ELECTORAL?
Aquí también conviene separar el hecho de la interpretación. Existen fideicomisos destinados a infraestructura deportiva y han beneficiado a clubes de distintos departamentos. El problema aparece cuando dirigentes sostienen que esos recursos son utilizados como argumento electoral.
Vezoli lo planteó expresamente en la entrevista que realizamos: cuestionó que los fideicomisos —fondos públicos— fueran utilizados como “mercancía electoral”. Eso es un testimonio político de un dirigente, no una prueba automática de una operación electoral. Pero merece una pregunta:
¿Quién decide qué club recibe qué recurso y bajo qué criterios?
Si los criterios son objetivos, deben poder publicarse. Si hay una fórmula, debe conocerse. Si existen prioridades, deben estar documentadas. Y si los dirigentes tienen capacidad de decisión, debe existir control. Porque la mejor manera de terminar con las sospechas no es negar que existen. Es abrir los papeles.

LAVALLEJA INTERIOR: EL EPISODIO QUE NO PUEDE QUEDAR AFUERA
Este es probablemente uno de los hechos institucionales más delicados del Congreso. El Sector de Lavalleja Interior estaba presente, pero no pudo votar porque el poder presentado para acreditar a su representante fue rechazado. Así lo consignaron varios medios que cubrieron el Congreso. Sectores vinculados al Dr. Pablo Marrero evaluaban incluso presentar una impugnación ante el Ministerio de Educación y Cultura. Aquí tampoco corresponde hablar automáticamente de “anulación infame”. Lo que sí corresponde preguntar es:
¿Cuál fue exactamente la norma aplicada?
¿Quién decidió el rechazo?
¿Qué recursos tenía Lavalleja Interior?
¿Se aplicó el mismo criterio en situaciones anteriores?
¿La decisión modificó materialmente el resultado electoral?
Esta última pregunta es matemática. Si Lavalleja Interior hubiera votado, el resultado habría sido sobre 35 votos y el margen podría haber cambiado. Pero no sabemos cómo habría votado. Por eso nadie puede afirmar que su exclusión haya determinado la victoria de Bares. Lo que sí puede afirmarse es que un sector quedó fuera de la votación y que el hecho merece una revisión documental completa.
2018: LA HISTORIA QUE VUELVE
Hay además una paradoja histórica que resulta imposible ignorar. En 2018, durante la primera presidencia de Bares, OFI fue uno de los actores que llevó a CONMEBOL el reclamo para que se interviniera la AUF y se modificara su estructura estatutaria. La carta cuestionaba la representación de los distintos estamentos del fútbol y reclamaba mayor democracia y pluralidad. FIFA terminó interviniendo la AUF pocos días después. Es decir:
Bares fue protagonista de un episodio en el que se reclamó una transformación institucional del fútbol uruguayo. Ocho años después, vuelve a la presidencia de OFI. Y ahora deberá responder otra pregunta:
¿Qué transformación institucional propone para la propia OFI?
Porque reclamar democracia afuera implica también practicarla adentro. Reclamar transparencia afuera implica también exhibir los números propios. Reclamar pluralidad afuera implica escuchar al que piensa distinto. Y reclamar autonomía frente a la AUF implica preservar la autonomía de OFI frente a cualquier otro poder.
¿HUBO “COLONIZACIÓN” DE LA OFI?
La palabra es fuerte Y justamente por eso hay que demostrarla. Lo que sí puede investigarse es otra cosa: la creciente interdependencia entre OFI, AUF, intendencias, recursos públicos, derechos comerciales y estructuras políticas departamentales. Eso es verificable como fenómeno. Lo que todavía necesita demostración es si esa red se transformó en una estructura coordinada para controlar electoralmente OFI. La diferencia es fundamental. Porque el periodismo de investigación no necesita exagerar. Necesita documentos.
Si hubo llamadas, hay que conseguir testimonios. Si hubo amenazas, hay que identificar quién las recibió. Si hubo promesas, hay que documentarlas. Si hubo intervención política, hay que reconstruirla. Si hubo utilización electoral de recursos públicos, hay que mostrar cuándo, dónde, cómo y quién decidió. Ahí está la diferencia entre una denuncia y una investigación.
Y HAY OTRO DATO: LA INVESTIGACIÓN SOBRE BARES
El regreso de Bares ocurre, además, en un contexto personal e institucional particularmente sensible. Durante septiembre surgieron denuncias públicas sobre un presunto uso de materiales, maquinaria y personal de la Intendencia de San José en trabajos particulares vinculados al jerarca.
Bares negó las acusaciones y sostuvo que los trabajos fueron realizados con familiares y amigos. La Intendencia anunció una investigación administrativa. Al 17 de septiembre, la investigación estaba en una etapa inicial y no existía una conclusión administrativa que determinara que Bares hubiera cometido una irregularidad. Ese dato debe mantenerse con precisión. No corresponde convertir una denuncia en una condena. Pero tampoco corresponde ocultar que la investigación existía cuando Bares llegó al Congreso electoral. El periodismo tiene que contar las dos cosas.
19 VOTOS NO SON 19 CONVENCIDOS
Este quizás sea el punto central. Los 19 votos no permiten saber qué pensaba cada delegado. No sabemos si todos votaron por Bares por adhesión personal. No sabemos si algunos votaron por tradición. No sabemos si otros votaron por acuerdos institucionales. No sabemos si hubo dirigentes que consideraron que era la mejor opción. Y tampoco sabemos qué llevó a los 15 que votaron por Marrero a tomar esa decisión. Por eso convertir el 19-15 en una explicación total sería un error. Pero sí hay una conclusión objetiva:
OFI llegó a una elección dividida en dos bloques muy importantes.
19 contra 15. Una diferencia de cuatro. Eso significa que 44% de los votos válidos emitidos no acompañó la continuidad de Bares. Ese dato merece respeto institucional. No es una minoría insignificante. Es una parte enorme de OFI.

EL VERDADERO DESAFÍO DE BARES
Ahora empieza el verdadero mandato. Bares no tiene que gobernar para los 19. Tiene que gobernar para los 35 sectores de OFI, incluyendo al sector que no pudo votar y a quienes apoyaron la candidatura de Marrero. Y ahí estará la prueba. No en el discurso de unidad pronunciado después del escrutinio. En los hechos.
¿Habrá auditorías independientes? ¿Habrá información financiera accesible? ¿Se conocerán los contratos? ¿Habrá reglas claras para los fideicomisos? ¿Se fortalecerá la Comisión Fiscal? ¿Habrá un Reglamento General actualizado? ¿Se respetará el funcionamiento del Congreso? ¿Se garantizará que los sectores puedan disentir sin consecuencias? ¿OFI tendrá una relación institucional con AUF sin perder autonomía? ¿Los intendentes quedarán fuera de las decisiones electorales de OFI? ¿O la relación política continuará siendo parte estructural del sistema? Estas son las preguntas que deberían ocupar la agenda.
EL MENSAJE DE LOS 15
Aquí no diría que los 15 votos fueron necesariamente “15 sectores que rompieron el cerco del miedo”, porque eso atribuye una motivación que no está demostrada. Pero sí podemos decir algo más sólido:
15 votos demostraron que existe dentro de OFI un espacio político e institucional de enorme magnitud que pidió otra conducción.
Eso está en las urnas. Y no puede ignorarse. Esos 15 sectores tienen ahora una responsabilidad tan grande como la del Ejecutivo: controlar, preguntar, documentar y exigir respuestas. No para impedir que OFI funcione. Precisamente para que funcione mejor.
EL REGRESO SIN GLORIA: ¿O EL REGRESO BAJO EXAMEN?
A partir de ahora periodísticamente hay algo mucho más fuerte: EL REGRESO DE BARES BAJO EXAMEN.
Porque Bares ganó. Eso es un hecho. Ganó 19-15. Pero ganó en una elección estrecha, con un sector impedido de votar, con cuestionamientos públicos sobre la participación de actores externos, con un apoyo explícito del presidente de la AUF y en medio de una investigación administrativa que lo involucra como director de Obras de San José. Eso no invalida su elección. Pero sí aumenta la responsabilidad de su nuevo gobierno.
Y AQUÍ ESTÁ EL VERDADERO MAR DE FONDO
Quizás la pregunta más importante no sea: ¿Ganó Bares? Eso ya está contestado. La pregunta es:
¿QUÉ OFI GANÓ EL 19 DE SETIEMBRE?
¿Una OFI más autónoma? ¿Una OFI más vinculada a AUF? ¿Una OFI más dependiente de los gobiernos departamentales? ¿Una OFI más profesionalizada? ¿Una OFI con mayor control financiero? ¿Una OFI donde el dinero tenga cada vez más peso en las decisiones? ¿O una OFI capaz de recuperar aquella cultura dirigencial que Vezoli resumió en una frase extraordinariamente poderosa:
“Fuimos extraordinariamente buenos en la escasez. Ahora hay que demostrar que somos realmente buenos con dinero.”
Ahí está, a mi entender, el verdadero centro de esta historia. Porque el problema no es que OFI tenga dinero. El problema sería que el dinero determine quién tiene razón. Y el problema tampoco es que OFI tenga poder. El problema sería que el poder determine quién puede hablar.
OFI no necesita volver a ser pobre.
Necesita demostrar que puede ser rica sin perder su dignidad institucional. Y esa tarea empieza ahora.
19 votos le dieron a Bares la presidencia.
15 le dijeron que una parte enorme de OFI piensa diferente.
Los próximos cuatro años dirán qué hace el nuevo gobierno con esa diferencia. La historia, esta vez, no debería esperar hasta el próximo Congreso. Hay que escribirla mientras sucede.