La Calera de las Huérfanas –Estancia de Belén-, es uno de los sitios patrimoniales más relevantes del país, ubicado en Colonia Arrúe, departamento de Colonia.

Por Diario Uruguay | Periodistas en Red

Hay lugares que guardan mucho más que piedras antiguas. Sitios donde cada muro, cada sendero y cada fragmento de tierra conserva voces que atravesaron siglos. La Calera de las Huérfanas, en las cercanías de Carmelo, es uno de esos espacios donde la historia del Uruguay profundo se mezcla con la memoria rioplatense, el legado jesuítico y el esfuerzo silencioso de generaciones que evitaron que el tiempo borrara sus huellas.

Por eso no fue una reunión más la realizada el pasado 12 de junio en la Casa de la Cultura de Carmelo. Allí, autoridades, técnicos, instituciones culturales, especialistas en patrimonio y vecinos participaron en la validación de la propuesta museográfica destinada a interpretar el sitio histórico de la Estancia Belén–Calera de las Huérfanas.

La instancia, promovida por la Intendencia de Colonia y el Ministerio de Turismo, tuvo un objetivo que va mucho más allá de diseñar una sala para visitantes: definir cómo se contará una de las historias más importantes del oeste uruguayo.

Participaron representantes de distintas áreas vinculadas al patrimonio y al turismo, entre ellos el arquitecto Gabriel González, la arqueóloga Elena Vallvé, integrantes de la Escuela Taller de Colonia, técnicos del Ministerio de Turismo, representantes del Consejo Ejecutivo Honorario del Barrio Histórico, miembros de la Comisión Pro Calera de las Huérfanas, autoridades locales y vecinos comprometidos con la preservación del sitio.

La propuesta fue presentada por las especialistas Patricia Villarmarzo y Leticia Zuppardi, quienes expusieron los avances de una futura sala de interpretación que buscará acercar al público el significado histórico, social y cultural del lugar. Pero la discusión fue mucho más profunda.

Mucho más que ruinas

La Calera de las Huérfanas representa una síntesis extraordinaria de la historia regional.

La Estancia de Belén fue fundada por la Compañía de Jesús en 1741 y llegó a convertirse en uno de los establecimientos productivos más importantes de la región. Con cerca de 140.000 hectáreas y una población aproximada de 250 personas, integró el sistema económico de las misiones jesuíticas del Río de la Plata.

Allí se producía de todo: ganado, cultivos, textiles, ladrillos, tejas, alimentos y especialmente cal, actividad que terminaría dando identidad permanente al lugar.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el establecimiento pasó por diversas administraciones. Parte de sus recursos fueron destinados al sostenimiento del Colegio de Niñas Huérfanas de Buenos Aires, origen del nombre con el que el sitio es conocido hasta nuestros días. Sin embargo, la historia no termina allí.

Entre 1770 y 1774 la estancia fue administrada por Juan de San Martín, padre del futuro libertador José de San Martín. Ese episodio convierte a la Calera en un espacio de memoria compartida entre Uruguay y Argentina, reforzando su dimensión internacional.

El patrimonio también se construye contando historias

La palabra “interpretación” puede parecer técnica, pero en realidad encierra una enorme responsabilidad. Interpretar un sitio histórico significa decidir qué relatos se cuentan, qué memorias se recuperan y de qué manera se explican procesos complejos a quienes visitan el lugar.

¿Cómo explicar la presencia jesuítica? ¿Cómo integrar la participación de los pueblos indígenas? ¿Cómo rescatar la memoria afrodescendiente vinculada a las tareas productivas de la época colonial? ¿Cómo mostrar la importancia económica que tuvo la estancia dentro del sistema regional del siglo XVIII?

Cada respuesta construye una forma de mirar el pasado. Por eso la validación realizada en Carmelo tuvo un valor especial: permitió que la comunidad local participara activamente en la construcción de esa narrativa.

Un proyecto que mira al futuro

La iniciativa forma parte del Programa de Desarrollo de Destinos Turísticos Emergentes impulsado por el Ministerio de Turismo junto al Banco Interamericano de Desarrollo.

Las obras previstas incluyen la consolidación de la histórica capilla de la Estancia de Belén, la recuperación de estructuras patrimoniales, la mejora de senderos y miradores, nueva señalización interpretativa, la renovación del Centro de Visitantes y mejoras generales en el parque de acceso. Sin embargo, los participantes coincidieron en que restaurar edificios es apenas una parte de la tarea. El verdadero desafío consiste en mantener vivo el significado del sitio.

Una construcción colectiva

Durante décadas, vecinos de Carmelo, instituciones culturales y la Comisión Pro Calera de las Huérfanas trabajaron para evitar que este patrimonio desapareciera.

Gracias a esa perseverancia, el lugar fue declarado Monumento Histórico Nacional y hoy integra el Camino de los Jesuitas de América del Sur, una red internacional que vincula espacios históricos relacionados con la presencia jesuítica en el continente. Esa proyección turística internacional es una oportunidad enorme para Colonia y para el país. Pero también implica una responsabilidad: evitar que la historia quede reducida a una simple postal para visitantes.

La reunión realizada en Carmelo dejó en claro que el objetivo es otro: convertir a la Calera en un espacio donde el patrimonio dialogue con la comunidad, donde el pasado ayude a comprender el presente y donde cada visitante descubra que detrás de cada piedra existe una historia humana. Porque conservar no es solamente restaurar muros. Conservar también es narrar. Y en la Calera de las Huérfanas, contar bien la historia es, quizás, la forma más importante de protegerla para las próximas generaciones.

Fotos y fuente: Presidencia

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