Sin dudas hay declaraciones que se pierden en el ruido de la actualidad y otras que, con el paso de los años, adquieren una dimensión distinta. El 27 de diciembre de 2018, en plena polémica por las decisiones reglamentarias que agitaban al fútbol del interior, el entonces presidente de la Organización del Fútbol del Interior (OFI), Gustavo Bares, lanzó una frase que recorrió el país y que fue reproducida por numerosos medios luego de una entrevista realizada por Diario Uruguay en el programa HechalaMérica de Rivera. Sin medias tintas, sin matices y visiblemente molesto por los cuestionamientos que recibía el Ejecutivo de OFI, Bares disparó una sentencia que generó repercusiones inmediatas: “Algunos dirigentes son delincuentes”.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

La frase no surgió de manera aislada. Formó parte de una extensa defensa que realizó sobre las decisiones adoptadas por el organismo rector del fútbol del interior, particularmente en relación con finales y reclamos que habían generado una fuerte discusión pública.

Durante la entrevista con el periodista Eduardo Mérica, el dirigente maragato sostuvo que muchas de las críticas estaban dirigidas al lugar equivocado. Según su visión, el problema no era la actuación del Ejecutivo sino las propias reglamentaciones vigentes.

“Acá el que le toma el pelo a la gente son los propios dirigentes que no cambian la reglamentación”, afirmó.

Bares recordó que el tema venía generando controversias desde hacía años y señaló que él mismo había sido víctima de situaciones similares cuando presidía la Liga Mayor de San José. Explicó que desde su llegada a OFI había intentado impulsar modificaciones para agilizar los procesos y evitar que determinados partidos se disputaran mientras existían recursos pendientes.

Sin embargo, insistió en que el presidente de OFI no tenía facultades para modificar unilateralmente las normas.

“Hay que trabajar presentando ponencias para que esto se cambie”, sostuvo, agregando que la responsabilidad recaía en el conjunto de los dirigentes del fútbol del interior.

Pero fue cuando abordó las acusaciones dirigidas hacia su gestión que llegó la declaración más contundente.

“Algunos dirigentes son delincuentes. No pueden decir en medios de prensa o publicar que el presidente tiene potestades para suspender cuando saben perfectamente que el reglamento me lo prohíbe”.

Aquellas palabras provocaron un verdadero temblor institucional. No era habitual que el máximo dirigente del fútbol del interior utilizara semejante calificativo para referirse a integrantes del propio sistema.

Lejos de retroceder, Bares reafirmó que todas las decisiones adoptadas por su Ejecutivo estaban respaldadas por los reglamentos y estatutos vigentes. Incluso reveló que algunas determinaciones habían sido tomadas en contra de la opinión de otros integrantes del propio Consejo Ejecutivo.

En otro tramo de la entrevista cuestionó las versiones que circulaban respecto a eventuales resoluciones extraordinarias para alterar el desarrollo del campeonato.

“El campeonato va a seguir, se van a seguir jugando los partidos y esperaremos el dictamen del Tribunal Arbitral. El resto es todo mentira, es todo bulla”, sentenció.

La entrevista dejó además otra definición que retrataba el clima que se vivía por aquellos días en OFI.

“Muchos dirigentes se alimentan del chusmerío”.

A más de siete años de aquellas declaraciones, la frase sigue siendo recordada como una de las más duras pronunciadas por un presidente de OFI en ejercicio. En una organización históricamente caracterizada por los discursos diplomáticos y las negociaciones silenciosas, las palabras de Gustavo Bares rompieron todos los moldes.

Hoy, cuando su nombre vuelve a aparecer vinculado a una candidatura para conducir nuevamente los destinos del fútbol del interior, aquella entrevista adquiere valor documental. No solamente porque refleja una época de fuertes enfrentamientos institucionales, sino porque muestra a un dirigente dispuesto a confrontar públicamente con quienes consideraba responsables de las falencias estructurales del sistema.

Una frase. Un micrófono. Y una declaración que todavía resuena en los pasillos del fútbol chacarero:

“Algunos dirigentes son delincuentes”.

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