La escena ya no admite disimulos: el presidente de la AUF vuelve a incidir en el candidato que hay que votar para el futuro gobierno de la Organización del Fútbol del Interior.
La avanzada de la Asociación Uruguaya de Fútbol sobre la Organización del Fútbol del Interior dejó de ser una sospecha para transformarse en una fotografía política del momento más delicado que atraviesa el fútbol chacarero. Y esa fotografía tiene un protagonista central: Ignacio Alonso. En apenas cinco días, el presidente de la AUF desembarcó en Artigas y Montevideo. No fue a inaugurar una cancha. No fue a anunciar obras históricas para el interior profundo. No fue a pedir disculpas por décadas de centralismo futbolero. Fue a hacer política. A respaldar abiertamente a Gustavo Bares como candidato a la presidencia de la OFI.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA y JOSELO BENAVÍDEZ para DIARIO URUGUAY.
Algo nunca visto
Porque una cosa es mantener vínculos institucionales entre AUF y OFI, necesarios y lógicos en cualquier estructura deportiva nacional. Otra muy distinta es que el hombre más poderoso del fútbol profesional uruguayo se meta de lleno en la campaña electoral interna del fútbol del interior, recorriendo ligas y confederaciones para inducir votos en favor de un candidato determinado.
Eso tiene un nombre: intromisión
Y lo más grave es que ocurre con una naturalidad alarmante, casi como si el fútbol chacarero hubiese perdido definitivamente la capacidad de defender su autonomía histórica. La desfachatez de Alonso solo es posible porque algunos dirigentes del interior se la permiten, la aplauden o directamente la celebran como si fuera una bendición montevideana caer en helicóptero sobre las viejas sedes liguistas del país profundo.
Pero la pregunta es inevitable
¿Qué ocurriría si un dirigente de OFI decidiera recorrer clubes de Primera División para hacer campaña contra Ignacio Alonso en una futura elección de la Asociación Uruguaya de Fútbol?
¿Qué pasaría si un presidente de Confederación del interior aterrizara en el Complejo Celeste para pedir votos por otro candidato? La respuesta la sabe todo el mundo: sería considerado un escándalo institucional. Sin embargo, cuando sucede a la inversa, muchos callan. Desde hace más de cuatro años, DIARIO URUGUAY viene denunciando que se estaba construyendo lentamente una OFI montevideana. Una OFI subordinada. Una estructura cada vez más dependiente de la lógica económica, política y deportiva de la AUF. Y hoy, en este tramo final, las piezas empiezan a encajar de manera brutal.
La futura OFI profesional aparece como el capítulo definitivo de esa absorción silenciosa. Ya no se habla del interior como una identidad futbolera distinta, con códigos propios, con arraigo barrial, con kilómetros de sacrificio y con dirigentes que hacían milagros para mantener viva una liga en pueblos olvidados. Ahora se habla de “integración”, de “modernización”, de “reestructuras”, palabras elegantes que muchas veces esconden una concentración de poder sin precedentes. Y en medio de esa tormenta, Ignacio Alonso avanza.
Habla. Promete. Sonríe. Se muestra cercano. Baja al territorio. Pero cada paso suyo dentro de la OFI tiene un peso político gigantesco. Porque no habla un dirigente cualquiera: habla el presidente de la AUF. El hombre que controla derechos, competencias, dinero, selecciones y vínculos internacionales. Por eso sus visitas no son inocentes.
Son señales. Son mensajes. Son movimientos de poder. Mientras tanto, el fútbol del interior parece debatirse entre dos caminos: defender su independencia histórica o transformarse definitivamente en un apéndice administrativo del fútbol profesional montevideano. La historia juzgará este momento.
Porque tal vez dentro de algunos años, cuando las viejas ligas pierdan voz, cuando las confederaciones sean apenas oficinas burocráticas y cuando la esencia amateur del fútbol chacarero quede reducida a un recuerdo romántico, muchos entenderán que todo comenzó con pequeñas señales que parecían normales.
Una visita aquí. Una foto allá. Un respaldo político disfrazado de institucionalidad. Y entonces ya será tarde. Porque el verdadero peligro no es solo quién gane la elección de OFI. El verdadero peligro es que el interior deje de pertenecerse a sí mismo.
Fuente: MÁS QUE DEPORTES

