Peñarol de Rivera: cuando el derrumbe institucional se lleva puesto al fútbol

“Creo que cumplimos con nuestra misión de ordenar al club y darle legalidad. Esa legalidad va a traer frutos.”

La intervención dispuesta por el Ministerio de Educación y Cultura no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de años —décadas— de desorden administrativo, ausencia de registros formales y una estructura de poder que, según denuncias, se mantuvo concentrada en un mismo entorno durante casi treinta años. Cuando Pablo Blanchet asumió la presidencia en agosto de 2025, lo hizo con una misión que parecía más arqueológica que dirigencial: reconstruir un club desde sus cimientos invisibles.

“No se entendió a qué veníamos y nosotros siempre quisimos esto: ordenar el club y darle un perfil de ser serios. Queremos ser serios y queremos que Peñarol se levante…”

“En esta instancia, entonces, le estamos pasando al interventor la responsabilidad de este momento…que no tenemos dudas de que lo vaya a ser de la mejor forma. Entendiendo que los deberes que se le designaron están claros”

“Como siempre dije: “El Club no es nuestro, el Club es de todos. Nosotros aportamos nuestra semillita que está acá y que tiene que continuar…”

“Esperemos que estos libros no se pierdan. Y si se pierden, tenemos copia. Sólo avisarnos… que se puedan utilizar y que el club pueda seguir adelante…”

El conflicto dejó de ser institucional para volverse humano

Hostigamientos, tensiones internas, denuncias cruzadas e incluso episodios de violencia marcaron el pulso de un proceso que, lejos de pacificar, terminó exponiendo las heridas más profundas del club. La intervención del MEC, con el abogado Ronald Alexander Da Silva Techera al frente, buscó ordenar ese caos: depurar padrones, rearmar la estructura, reformar estatutos, llamar a elecciones. Era, en palabras del propio Blanchet, el “punto cero institucional”. Pero el fútbol no espera.

En plena disputa de la Copa de Clubes de OFI, cuando la pelota debía ser refugio, llegó el golpe final: la renuncia en bloque de toda la directiva. Sin transición. Sin red. Sin contención. Y lo que siguió fue aún más devastador. Los jugadores, enfrentados a un escenario de incertidumbre total, tomaron una decisión extrema: no presentarse a los partidos restantes. Renunciaron. Se bajaron. Dijeron basta a la Copa de clubes de la Organización del Fútbol del Interior.

El club quedó vacío

Vacío de dirigentes. Vacío de jugadores. Vacío de certezas. La onda expansiva sacudió a todo el fútbol riverense, que hoy observa con preocupación cómo una de sus instituciones históricas se transforma en símbolo de algo más grande: la fragilidad estructural de muchos clubes del interior, donde la pasión muchas veces sobrevive sin respaldo institucional.

Hoy, el interventor trabaja en medio de presiones cruzadas, intentando sostener lo que queda en pie. Porque la tarea ya no es solo ordenar papeles: es evitar que el club desaparezca como actor deportivo y social.

Peñarol de Rivera no está solo en crisis. Está en una encrucijada. Entre el pasado que lo desordenó y un futuro que todavía no logra organizar. Entre la historia que lo sostiene y la realidad que lo desarma. Entre la intervención que busca salvarlo y las decisiones que lo dejaron al borde del abismo. Y en el medio, una pregunta que atraviesa todo el fútbol del interior:

¿Qué pasa cuando la institución se rompe antes que el equipo? Porque cuando eso ocurre, ya no hay táctica que alcance. Ni goles que tapen el vacío. Ni campeonato que importe. Solo queda reconstruir. Desde cero. Otra vez.

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