En Rivera, en la intimidad de su casa, lejos del ruido y de las tribunas, nos recibió Waldemar “Pocholo” Bentancourt. Sin escenografía, sin frases preparadas, sin necesidad de reivindicarse. Porque los que hicieron historia no necesitan explicarse: hablan, y alcanza. A Bentancourt lo rodea una palabra que él mismo rechaza: milagro. Pero en el fútbol del interior —ese que se construye sin cámaras, sin contratos millonarios y muchas veces sin reconocimiento— lo suyo tuvo algo de extraordinario. No por magia, sino por convicción. Por método. Por entender el juego cuando otros apenas lo corrían. Esta entrevista no busca nostalgia. Busca verdad. Porque “Pocholo” no habla desde el recuerdo cómodo, sino desde la herida abierta del fútbol uruguayo. Desde la crítica sin maquillaje, desde la experiencia de haber sido jugador, conductor y formador en una tierra donde —como él mismo dice— todo siempre fue más difícil.
LA OFI REAL/Desde la frontera Rivera Livramento/ ENTREVISTA EDUARDO MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

Aquí no hay frases para quedar bien. Hay definiciones. Sobre el grupo como base de todo equipo. Sobre la pérdida de técnica en el fútbol actual. Sobre la rebeldía que ya no aparece. Y sobre un diagnóstico que duele, pero que nadie puede ignorar: el fútbol uruguayo —y en especial el de Rivera— vive en una tensión permanente entre lo que fue y lo que ya no es. Bentancourt no romantiza el pasado. Lo compara. Y en esa comparación deja expuesta una verdad incómoda. Esta es una charla con un hombre que conoció el vestuario cuando el respeto no se negociaba, cuando la palabra del técnico pesaba y cuando ganar no era una opción: era una responsabilidad. “Pocholo” no viene a enseñar. Viene a recordar. Y a advertir. Porque a veces, para entender lo que pasa hoy, hay que escuchar a los que ya lo vivieron todo. Aunque no crean en milagros.
–Hubo un comentario siempre de que los jugadores de otros tiempos, ante sus fracasos jamás culpaban o responsabilizaban a su técnico. ¿Qué hay de cierto?
-Ellos mismos asumían la responsabilidad. A no ser que hubiera algo extra, fuera de lo normal y de que pudieran tener algún reclamo.
-¿Cómo era el primer día tuyo al frente de un equipo?
-Hace años que no actúo en el fútbol. Pero una de las cosas que consideré y lo llevé a la práctica, es que el primer trabajo del técnico es la formación del grupo. Sin ello, no puede haber nunca un buen equipo.
–¿Qué tipo de sensaciones u olores tiene que sentir un técnico cuando formó a su equipo?
-Recuerdo, para hablar de lo local, cuando salíamos del Parque Gran Bretaña donde fuimos los primeros en aplicar las concentraciones… cuando llegaba el ómnibus para llevar a los jugadores para el estadio, ¡ya se respiraba adentro del ómnibus aquel ambiente de triunfo y de deseos de ganar!.
–¿Qué me quiere decir?
-Quiero decir, que no era un equipo triste o que salía desmoralizado de la concentración, sino que salía con toda la fuerza, con toda la voluntad y con todas las ganas de ganar.
–Me contaron que cuando llegaste a Rivera, lo primero que notaste es que no había rebeldía en muchos de sus jugadores preseleccionados. ¿Fue así?
-Cuando yo llegué a Rivera, no sé si existía la costumbre o qué, por ejemplo, con dos jugadores que los necesitaba, los quería y al final los tuve… Que eran “Pretinho” y el popular “Caipira”, a ambos les puse en conocimiento que a los jugadores los seleccionaba y los citaba yo. Al final ellos serían las figuras claves en la obtención del Campeonato del Interior de OFI, después de 22 años.

–Ese título, ¿fue consecuencia también de otra gente distinta, otra época, otros dirigentes, otros jugadores o qué?.
-No puedo decir, si era mejor o peor. Pero sí, puedo decir que existía una camaradería, un compañerismo y un grupo humano sensacional.
–¿Cuál debe ser la preocupación máxima de un técnico?
-El de saber ubicar a cada jugador en la posición que quiere y que le corresponde, y donde rinda más. Y no porque veo en la televisión o escucho en la radio que el Milán de Italia o cualquier equipo de Europa le va bien y por ello aplico su sistema aquí en Rivera. ¡No!, no es así, ¡si yo no tengo los jugadores!… que tengan las condiciones naturales. ¡No!.
–¿Cuál fue o es tu mayor virtud?
-Yo, en el fútbol, si me permites con toda modestia decirte: fui un buen estratega.
–¿Y un hombre de muchos milagros?
-No, no creo. Nada de milagros. Sino un buen estratega. Porque siempre me preocupé en conocer las condiciones del adversario e indudablemente, mucho más de mis jugadores. Siempre traté de explotar al máximo la mejor condición de mis jugadores. Por eso, te reitero, todos los sistemas son buenos cuando se tiene los hombres indicados para el sistema que uno quiere aplicar.
–¿Tuviste el padre indicado en tu vida?
-Mi padre fue jugador de fútbol, incluso, jugó en Rivera. Te estoy hablando de la década del 20. Además, integró un equipo de Oriental que hizo una gira por el interior de Río Grande do Sul; y que creo llegaron hasta Porto Alegre. Una gira de muchos partidos en ciudades importantes del Brasil y volvieron invictos.
–¿Existió el “Pocholo” gran jugador?
-Yo me inicié muy “jovencito”, con 16 años debuté en primera división en Tacuarembó. En el Club Central, el del popular Dardo López. Después, me trajo a Rivera una persona de la cual guardo un recuerdo y un cariño muy grande… Guido Machado (padre).
–¿Viniste a Rivera a jugar al fútbol?
-Si. Era menor de edad y Guido Machado habló con mi padre para pedirle su autorización para jugar por su club Oriental. Viajamos en el recordado “Tacoma”, el famoso “trencito” que unía Tacuarembó con Rivera o viceversa. Estoy hablando del año 45, en una época donde la mayoría de los jugadores en Rivera, el 60 % eran foráneos.
¿Fue una época esplendorosa en dinero en el fútbol riverense?
-Te cuento una anécdota, cuando llegué con Guido Machado (padre), al otro día, me lleva a la Tienda Siñeriz, a pesar de que el señor Siñeriz era el presidente de Peñarol. ¡Seguro!… me vieron mal “empilchado”. Pues bien, esas cosas sucedían en Rivera. Eran normales y vivíamos hasta en un hotel, pagado por el club y además, teníamos religiosamente nuestro sueldo.
–Alguna otra anécdota de aquel tiempo, ¿te acordás?
-Un día fui criticado a raíz de un partido que jugamos con Oriental frente a un equipo de veteranos de Montevideo. Donde los muchachos vinieron de paseo… En ese entonces, don Alberto Bouchacourt – presidente de Oriental -, me llama y me dice: “¡Pocholo, Pocholo!, vení acá, te doy diez pesos si hacés esto… Era para que me sentara en la pelota en un instante del partido. ¡Diez pesos, en aquel tiempo era un montón de plata!. Si serían diferentes las cosas antes!!!.
–¿Y al final qué le contestaste?.
-¡Cómo no, don Alberto!. Después me criticaron bastante a raíz de ese episodio. Lógicamente, que no era un gesto de un buen deportista. Pero, uno “jovencito” ahí que podía no hacer por un peso. Y bueno… no aguanté la invitación y la tuve que cumplir.
–Hoy hay plata de por medio, pero a veces no es suficiente salir campeón. ¿Por qué?
-Es muy difícil, casi que imposible que un equipo que ande bien y salga campeón en él haya problemas.
–Me diste pie para una gran pregunta: ¿Rivera, ayer habrá querido salir campeón?
-No estoy informado sobre cuáles fueron los motivos o las razones por la cual Carlos Wallace se retiró de la selección de Rivera.
–Entonces, volvamos al principio, ¿cómo y de qué manera se buscan las responsabilidades en un equipo?
-Yo no sé si voy a definir con lo que te voy a decir. Lo que yo pienso sobre el fútbol de Rivera. EL FÚTBOL DE RIVERA, SIEMPRE, SIEMPRE FUE PROBLEMÁTICO. TODO EL FÚTBOL URUGUAYO FUE Y ES PROBLEMÁTICO. DENTRO DE TODO EL FÚTBOL URUGUAYO, EL MAS PROBLEMÁTICO HA SIDO EL DE RIVERA.
–¿Por qué?
-Yo recuerdo que cuando llegué aquí, siendo muy “jovencito” ya existían unos problemas tremendos con los jugadores que jugaban en Livramento, y también aquí en Rivera. ¡Unos problemas terribles!. Siempre hubo esos problemas y hasta hoy existen. Es más, si vamos más al fondo, no puedo dejar de reconocer que en Rivera “todo” se hace más difícil. Todo es más difícil que en otros lados. Y esto no es una crítica que salga y nazca de mi corazón… por el contrario, quisiera que fuera constructivo y… ¿no sé porqué es así?.
–¿Qué diferencias notorias hay hoy en el fútbol de Rivera?
-Técnica.
–¿En qué tiene que trabajar un técnico?
-Antiguamente el fútbol riverense tenía más técnica y más semejanza con el fútbol brasilero. Por ejemplo, tengo un carné de entrada gratis y no voy nunca a un partido de fútbol porque veo, cada día más, esa “correría” detrás de la pelota. Hoy, corremos detrás de la pelota, hoy disputamos un amontonamiento de jugadores. Eso es común hoy, en todo el fútbol uruguayo. Entonces, me decepciono un poco y muchas veces me termino preguntando: ¡qué vine a hacer yo aquí!
–¿No tiene a nadie que piense igual y que quiera conversar estos temas contigo?
-Difícil, es muy difícil.
–¿Qué es saber de fútbol hoy?
-Ser un buen estratega. Ser una persona que se haga querer, que lo respeten por sus conocimientos, por su capacidad y que le obedezcan sus indicaciones. Otra cosa que tiene el fútbol uruguayo es la inmensa necesidad de mejorar los fundamentos futbolísticos del jugador. Hoy, el jugador nuestro actual, no tiene fundamentos.
–¿Qué es lo que tenía de particular el fútbol del interior que hoy no tiene?
-Yo pienso que existía una mayor responsabilidad en el jugador de antes… Principalmente, en el jugador amateur. Más responsabilidad, y no pienso a llegar al extremo de decir: “Más amor propio”. No sería correcto. Pero, existían más ganas de ganar.
–¿Por qué hoy no?
-Bueno… esa pregunta me la hago yo, respetuosamente, todos los días que me restan de mi vida.

CERRO CON POCHOLO LE GANÓ A RIVER ARGENTINO POR GOLEADA

El día de la inauguración se vendieron 15.800 entradas y Cerro le ganó 5-2 a River Plate de Argentina, un equipo lleno de estrellas. Hubo una exhibición de atletismo, suelta de palomas, se cantó el himno nacional y hablaron representantes de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, los países a los que se homenajeó con el nombre de las tribunas. El árbitro del encuentro fue Esteban Marino y desde un helicóptero se lanzó la pelota con la que se jugó el encuentro.
Cerro formó con Sady Martínez, Luis Benítez, Horacio Troche, Hugo Cabral, Miguel De Britos, Pablo Silva Araujo, Juan Marquez, Julio César Cortés, Odon Ribeiro, Eduardo Restivo y Juan Pintos.
River Plate (AFA) lo hizo con Amadeo Carrizo, José Ramos Delgado, Mario Bonzuk, Alberto Sainz, Roberto Matosas, Ladislao Cap, Enrique Fernández, Herminio Anega, Luis Cubilla, Luis Artime y Juan Carlos Lallana.
En el global del partido: Restivo marcó tres goles y los otros dos los hicieron Víctor Espárrago (ingresó en el segundo tiempo) y Cortés; descontaron para los millonarios Luis Artime y Enrique Fernández.
