Una ciudad nacida entre caminos, sueños y una vocación que terminó llevando su nombre mucho más lejos de sus límites.

Soca nació mirando hacia los caminos. Quizás por eso su historia nunca pudo quedar encerrada dentro de sus límites.

Desde aquel proyecto de Zenón Burgueño hasta el extraordinario recorrido científico de Francisco Soca, la historia demuestra que desde un pequeño territorio pueden surgir grandes historias.

TODO COMENZÓ JUNTO AL ARROYO MOSQUITOS

La historia se remonta al siglo XIX y tiene como protagonista a Zenón Burgueño, hijo del coronel Tomás Burgueño.

La idea de levantar un pueblo comenzó a tomar forma en las inmediaciones del arroyo Mosquitos, en una zona que reunía, según los documentos de la época, condiciones consideradas fundamentales: agua abundante, ventilación, salubridad, tierras fértiles y comunicación con el antiguo camino Real a Maldonado. Pero Burgueño no quiso solamente imaginar el pueblo.

Comenzó a construirlo.

Una iglesia empezó a convertirse en punto de referencia y alrededor de ella fueron apareciendo las primeras casas y los servicios que daban forma a una comunidad. Comisaría. Juzgado de Paz. Escuela. Y junto a ellos, los primeros pobladores: Higinio Vázquez, Isidro López, Martín Rey, José Mira, Constancio Jaurena, Feliciano Barba y Miguel Rodríguez. La población comenzaba a tener rostro.



EL PUEBLO QUE PRIMERO FUE MOSQUITOS

Hay algo fascinante en la historia de los nombres. Antes de ser Soca, la población fue conocida oficialmente como Santo Tomás de Aquino, mientras que popularmente aquella zona era identificada como Mosquitos.

El nombre no parece tener misterio. La región, situada junto al arroyo del mismo nombre y en una zona baja y húmeda, tenía una enorme presencia de insectos. Para quienes recorrían aquellos caminos, pasar la noche allí podía convertirse en una verdadera batalla contra los mosquitos.

Así nació una denominación que quedó instalada en la memoria colectiva. Pero la historia tenía preparado otro nombre. Y ese nombre terminaría siendo Soca.

Soca cumple 149 años. Y hay pueblos que cumplen años. Pero hay otros que, cada vez que celebran, vuelven a descubrir quiénes son.

1877: EL PAPEL QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

El proceso administrativo para darle forma legal al proyecto comenzó formalmente en 1876. El 30 de setiembre de aquel año, Zenón Burgueño otorgó poder a Justo Maeso para gestionar ante el Gobierno la creación del pueblo. El expediente avanzó. La Dirección General de Obras Públicas realizó observaciones, pidió acreditar la propiedad de los terrenos, determinar el área destinada al pueblo y establecer los espacios reservados para edificios públicos y cementerio.

Burgueño respondió. El trámite continuó. Y finalmente llegó el momento esperado. El 21 de setiembre de 1877, el Gobierno autorizó oficialmente la creación del pueblo con el nombre de Santo Tomás de Aquino. Aquel decreto no creó una comunidad de la nada. Reconoció jurídicamente una población que ya existía. Y allí aparece una de las claves de esta historia: Soca fue primero un proyecto, después una obra y finalmente un pueblo reconocido por el Estado.

Y EN 1928 APARECIÓ EL NOMBRE QUE HOY CONOCEMOS

Pasaron las décadas. Y en 1928 llegó una transformación fundamental. Luisa Blanco Acevedo de Soca, viuda del doctor Francisco Soca, gestionó el cambio de denominación del pueblo.

El 18 de abril de 1928, aquella población conocida como Santo Tomás de Aquino y Mosquitos pasó oficialmente a llamarse Soca. Y entonces la historia del pueblo quedó definitivamente vinculada a uno de sus hijos más extraordinarios.

FRANCISCO SOCA: EL HOMBRE QUE LLEVÓ EL NOMBRE DE SU PUEBLO AL MUNDO

Francisco Soca nació en Mosquitos el 14 de julio de 1858. Era hijo de Victorio Soca y Bárbara Barreto, inmigrantes provenientes de Canarias. Su vida pudo haber transcurrido vinculada al trabajo rural y a las actividades de su familia. Pero algo cambió su destino. Su inteligencia fue advertida desde muy joven. Estudió. Viajó. Llegó a Europa. Y terminó entrando en contacto con algunos de los principales centros de conocimiento médico de su tiempo.

En París estudió junto a figuras extraordinarias de la medicina y quedó particularmente impactado por Jean-Martin Charcot, una de las grandes personalidades de la neurología del siglo XIX. Su trabajo científico sobre la enfermedad de Friedreich alcanzó reconocimiento internacional.

La medicina uruguaya encontró en aquel hombre nacido junto al arroyo Mosquitos a uno de sus grandes exponentes. Pero Soca no fue solamente médico. Fue profesor. Investigador. Rector de la Universidad. Diputado. Senador. Constituyente. Consejero Nacional. Y en 1917 llegó una distinción enorme: fue elegido asociado extranjero de la Academia de Medicina de París. El muchacho que había nacido en un pequeño pueblo uruguayo había conseguido que el nombre de su tierra llegara hasta uno de los grandes centros científicos del mundo.

LA GRAN LECCIÓN DE SOCA

Hay una frase atribuida a Francisco Soca que parece escrita para atravesar generaciones: “Hay dos clases de experiencia, la estéril y la fecunda.” Y quizás allí exista también una enseñanza para la ciudad que lleva su nombre. Porque 149 años no significan solamente tiempo. Significan experiencia. La pregunta es qué hacemos con ella.

Soca ha cambiado. Cambió su paisaje. Cambió su forma de comunicarse. Cambió su economía. Cambió la manera de vivir. Pero conserva algo que no debería perder jamás: la memoria de quienes fueron capaces de imaginar un pueblo cuando todavía no existía como tal.

ESTE DOMINGO, SOCA VUELVE A ENCONTRARSE

La celebración de este domingo 20 tendrá como escenario la Plaza central. Desde las 15:30, la ciudad se vestirá de fiesta. Habrá música y espectáculos con Enzo Castro, Piero y Horacio, Nico Conca y la Banda Naval.

La feria permitirá encontrarse con emprendedores de la zona y descubrir productos y artesanías que también forman parte de la identidad contemporánea de Soca.

La gastronomía pondrá sobre la mesa los sabores de la región. Y la historia tendrá su propio espacio con las visitas guiadas a la Capilla Susana Soca, una de las grandes piezas patrimoniales vinculadas a esta comunidad. Porque una ciudad no se construye solamente con edificios. Se construye con historias. Con nombres. Con voces. Con familias. Con quienes llegaron. Con quienes se fueron. Con quienes permanecieron. Y con quienes todavía hoy siguen soñando con el futuro.

149 AÑOS DESPUÉS, EL CAMINO SIGUE

Hay algo profundamente simbólico en aquella antigua ubicación junto al camino Real a Maldonado. Soca nació mirando hacia los caminos. Quizás por eso su historia nunca pudo quedar encerrada dentro de sus límites. Desde aquel proyecto de Zenón Burgueño hasta el extraordinario recorrido científico de Francisco Soca, la historia demuestra que desde un pequeño territorio pueden surgir grandes historias.

Este domingo, cuando la música vuelva a sonar en la Plaza, cuando los vecinos se encuentren, cuando los emprendedores exhiban lo que producen y cuando alguien vuelva a contar quién fue Francisco Soca, no estará celebrándose solamente un aniversario.

Estará celebrándose la capacidad de una comunidad para sobrevivir al paso del tiempo sin perder su identidad. Soca cumple 149 años. Y hay pueblos que cumplen años. Pero hay otros que, cada vez que celebran, vuelven a descubrir quiénes son.

Soca está a un año de los 150. Y quizás la mejor manera de llegar a ese número redondo sea haciendo lo que hizo desde el principio: mirar hacia adelante sin olvidar jamás de dónde viene.

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